¿Que no…?, crítica teatral

09 Nov 2021

Es conocido un cierto experimento que se realiza, especialmente en entornos de trabajo, sobre la comunicación y como el mensaje que lo protagoniza puede llegar, no ya distorsionado, sino radicalmente distinto entre un primer emisor y un receptor final, tras la intervención de varios y distintos agentes intermedios en hacer llegar el mensaje.

Imaginemos una persona, que identificaremos como ‘A’, a quien se le pide que lea un pequeño texto que, a continuación, debe decir al oido al sujeto “B”, quien a su vez hará llegar dicho contenido, a través de su boca y sus expresiones, a “C” para que éste haga lo propio con “D”. La puesta en común de la lectura del texto inicial, en comparación con el mensaje que finalmente llega al agente final del proceso comunicativo, siempre dejará reseñada una gran variación entre aquel y éste. Es un juego muy repetido en dinámicas de grupo de empresas y colectivos, y el éxito siempre está garantizado para quien lo proponga como organizador.

“Allá lejos, donde habite el olvido…”

Raymond Queneau, matemático, filósofo y psicólogo, además de escritor y siempre muy interesado por el movimiento surrealista, publicó en 1947 su obra más conocida, titulada “Ejercicios de estilo”, en la cual recrea una misma anécdota, sobre unos hechos, breves y no complejos, hasta en noventa y nueve ocasiones, con el tamiz de ser relatada, compartida o referida por diferentes personajes que, de alguna u otra manera vivieron los hechos originales, por lo demás no trascendentes en sí mismos. Ese juego de la reiteración, confiesa el autor, surge de la inspiración que le invadió tras acudir a un concierto en el que se interpretaba “El Arte de la Fuga” de Bach.

La obra de Queneau, que cautivó, entre otros cientos de miles de lectores, a Jesús Cracio quien se propuso el reto de llevarla a la escena teatral, para cuya adaptación contó con la colaboración de Antonio Fernández Ferrer y Christian Boyer, asumiendo en primera persona la dirección de la propuesta que ahora llega a la Sala Fernando Arrabal de las Naves del Español en Matadero.

“En la línea 27…”

De las noventa y nueve variaciones que el autor reseña en su libro, esta adaptación recrea unas treinta, donde la música que suena siempre son diversas aproximaciones a “El Arte de la Fuga” de Bach, en un alarde de reiteraciones en trama y ambientación sonora que nos recuerda, aún someramente, en su estructura, a “El bolero de Ravel”.

La historía básica que se reitera una vez y otra, es sencilla, transcurriendo a lo largo de la linea 27 de la EMT, entre Embajadores y Plaza Castilla, pero es que eso termina por ser accesorio, lo importante son los matices que nos comparten cada uno de los protagonistas que nos relatan sus propias experiencias respecto a ella, en cada una de sus escenas: Precisiones, Pronosticaciones, Conjuntos, Policiaco, Homeoteleutones, FIlosófico, Paleto, Permutaciones por grupos crecientes de palabras, Apócopes y Aféresis, etc… y así hasta  en una treintena, unas más redondas que otras, pero todas notables, que en su conjunto logran crear un espectáculo original que sorprende y se agradece.

“¿Por qué me habrá dejado Agustina? …¡Estoy más triste que un canario sin alpiste!”

El elenco de actores que lo protagoniza es sometido a una gran cantidad de diferentes personajes, de forma exigente, con un desempeño conjunto magnífico en todos sus integrantes, con Claudia Salas, Fernando Sáinz de la Maza (Macbeth, Monsieur Goya, una indagación, Tres sombreros de copa, El idiota), Nur Levi, Arturo Martínez Vázquez (El enfermo imaginario), Rosa Martí, Javier Ballesteros (¿Qué se esconde tras la puerta?, La ola), Paloma de Pablo y un excelente Álex Villazán (El curioso incidente del perro a medianoche).

La gran amplitud disponible en el espacio escénico de la Sala Fernando Arrabal de las Naves del Español en Matadero, acoge un trabajado movimiento en toda la puesta en escena, diseñado por Marta Gómez,  con escasos elementos de ‘atrezzo’ pero perfectamente utilizados, en su recurso y momento, en el espacio escénico compuesto por Pablo Menor Palomo. El vestuario diseñado por Beatriz Robledo permite la adecuada recreación de los múltiples personajes que parecen en escena. Adecuadas aportaciones de Pilar Velasco en la iluminación e Iñaki Ruiz Maeso en el sonido.

“Palabras, palabras, palabras…”

Una más que interesante propuesta, cuidada al detalle en su forma, ademas de curiosa y llamativa en su fondo, por la que felicitamos a su director, Jesús Cracio y al Teatro Español por haber sabido acogerla en el seno de su programación en esta temporada 2021/2022 en las Naves de Matadero.

 

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