La vida es sueño, crítica teatral

03 Ene 2023

Las formas vodevilescas, el vestuario de mitad del siglo XX, la música contemporánea, el inacabable juego de puertas que se abren y cierran en sucesión sin fín, como en cualquier comedia de enredos, los mensajes hedonistas sobre la vida, las risas enlatadas, los guiños a programas televisivos y los aires de cabaret, no consiguen mitigar la fuerza del verso de Calderón, pero quienes utilizan todos aquellos medios para presentarnos su particular y británica visión sobre ‘La vida es sueño sí logran jibarizar el gran drama filosófico del teatro español, creado por Calderón de la Barca, hasta mutarlo en una fábula, no exenta de calidad e interés, pero ayuna de las profundas reflexiones que don Pedro desliza en él, como el destino del hombre, la dualidad de libertad de elección versus predestinación, el ejercicio del libre albedrío o los condicionantes derivados, tanto en más como en menos, de la educación y el conocimiento, mezclando con soberbio acierto la realidad y los sueños, deslizando la eterna pregunta de ¿qué es lo irreal?, cuestión tan de máxima actualidad en el siglo XVII, como en este siglo XXI.

La vida es sueño

“¡Ay, mísero de mí! ¡Ay, infelice! / Apurar, cielos, pretendo … / ya que me tratáis así: / ¿qué delito cometí / contra vosotros naciendo?…”

La adaptación que firman Declan Donnellan y Nick Ormerod es, más que aquello, una nueva dramaturgia que por lo demás funciona, aún siendo hurtados aspectos del original como la forma rítmica y clásica de declamar el archiconocido verso que brota de los labios de ‘Segismundo‘ en el I Acto: ‘¡Ay, mísero de mí! ¡Ay, infelice! / Apurar, cielos, pretendo … / ya que me tratáis así: / ¿qué delito cometí / contra vosotros naciendo?…  que en esta propuesta el protagonista inicia balbuceando, en guiño máximo de hiperrealismo, a la hora de recrear a quien ha crecido recluido y preso, en la oscuridad de su cautiverio.

Alfredo Noval

«¿Qué quizá soñando estoy, aunque despierto me veo?”

Quizás el mayor acierto de la visión de Donnellan y Ormerod es el protagonismo dado aBasilio‘, el rey y padre que decidió mantener preso a su propio hijo, estupendamente representado por Ernesto Arias (Antonio y Cleopatra, Nekrassov, Desengaños amorosos, El animal de Hungría) quien se mantiene permanentemente en escena, siéndole exigido que la expresión de su rostro muestre reacción a cada una de las situaciones que se van desarrollando, reto que cumple de forma exitosa, convirtiendo su gesto en polo de atracción para los espectadores, mas allá de lo que a la vez sucede en la escena, a su lado o frente a él. Gran trabajo interpretativo.

La vida es sueño

“A mí nada me parece justo / en siendo contra mi gusto”

Junto a Arias, Alfredo Noval (Atocha: el revés de la luz, El ángel exterminador, Don Juan Tenorio) construye un sólido ‘Segismundo‘, aunque preferimos los perfiles un punto dubitativos y más contenidos de sus escenas iniciales, a los excesivamente expansivos del final, destacando la recreación del ‘Clarín’ que realiza Goizalde Núñez, quien, dentro de la fabula vodevilesca que nos presentan Donnellan y Ormerod, está brillante, con la ironía y las gotas de cinismo justas que le permiten la necesidad de supervivencia que se exige su pragmático personaje. Completan el elenco David Luque (Nekrassov) como ‘Clotaldo‘, Rebeca Matellán como ‘Rosaura‘, Manuel Moya (Tres sombreros de copa, Desengaños amorosos, El ángel exterminador) como ‘Astolfo’, Antonio Prieto, Prince Ezeanyim y la siempre eficaz Irene Serrano (La señora y la criada, El desdén con el desdén, La vida es sueño dirigida por Helena Pimenta) como ‘Estrella‘.

La vida es sueño

“Soñemos dichas ahora, que después serán pesares”

Escena especialmente polémica, por su forma de ser representada, en formato de serie televisiva, con risas pregrabadas y planteamiento de comedia de enredo, es la protagonizada por los personajes de ‘Estrella‘, ‘Astolfo‘ y ‘Rosaura‘, jugando a las dobles parejas y a tríos, aún funcionando en su formulación, pero poco queda en ella del espíritu de Calderón. Por contra uno de los momentos más destacados es el del abrazo entre ‘Basilio’ y ‘Segismundo’, un emocionante reencuentro entre, simplemente y nada más, ni nada menos, un padre y un hijo, más allá de los avatares de la vida.

“En batallas tales, / los que vencen son leales, / los vencidos los traidores»

escenografía

Una escenografía, a la vez sencilla y conseguida, dentro los objetivos fijados por Nick Ormerod (con la ayudantía de Alessio Meloni), también responsable del vestuario, se desarrolla a partir de un panel frontal que alberga siete puertas por las que aparecen y desparecen de escena los personajes, contando con las adecuadas prestaciones de Ganecha Gil en el diseño de iluminación, Amaya Galeote en movimiento, Fernando Epelde en diseño de sonido.

«Yo sueño que estoy aquí / de estas prisiones cargado, / y soñé que en otro estado / más lisonjero me vi. / ¿Qué es la vida? Un frenesí. /¿Qué es la vida? Una ilusión, / una sombra, una ficción, / y el mayor bien es pequeño; / que toda la vida es sueño, / y los sueños, sueños son”

cartelLa propuesta que nos comparten Donnellan y Ormerod puede, y debe, tratarse como una historia nueva que funciona por si misma, guste más o menos a determinados grupos de espectadores, la mayor dificultad a la que se enfrenta, es su comparación con el original de Pedro Calderón de la Barca de ‘La vida es sueño‘ ya que se hurtan importantes condimentos en ella, más allá del esqueleto básico privado de sus destacados planteamientos filosóficos. Con todo, supone un interesante experimento en el que destaca la estupenda interpretación que realiza Ernesto Arias de esta aproximación a ‘Basilio‘, rey y padre, permitiéndole contemplar, casi como si fuese un espectador, los efectos de sus decisiones sobre aquel ser al que decidió recluir haciéndole responsable de la muerte de ‘Clorilene‘, su mujer, al dar a luz, y asumir, tras ello, los vaticinios del oráculo a la vista de las estrellas. 

Propuesta que se mantendrá en el Teatro de la Comedia, de Madrid, en una coproducción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, Cheek by Jowl y LAZONA Teatro, hasta el 26 de febrero de 2023.

 

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