90 años de Pujol

15 Jun 2020

90 años de PujolSeis años después de confesarse como un evasor fiscal, diecisiete de abandonar el poder ejecutivo al frente de la ‘Generalitatde Cataluña; veinticinco de protagonizar con su propio personaje, sin ambages, ni remilgos, el “Ubú President” de ‘Els Joglars’; treinta y nueve del estreno teatral de “Operación Ubú” con su encarnación como el “excelso” (excels) y cuarenta años desde que Josep Tarradellas profetizara sobre algunos de sus comportamientos, acertando sobre ellos; Jordi Pujol cumple noventa años, pocos días después de que la formación política desde la que articuló su acción, Convergencia Democrática de Cataluña, creada alrededor de su propia figura en 1974,  haya presentado concurso de acreedores ante el juzgado mercantil número 9 de Barcelona, con sus sedes embargadas y una deuda acumulada de 4,3 millones de euros, cantidad a la que se sumarán los 6,6 millones de euros que tendrá que devolver la formación ‘convergente’ por el probado hecho de cobro de comisiones ilegales a través del Palau de la Música. Una herencia poco ejemplarizante para quien pasó por ser el idealizado padre del catalanismo.

«Los fiscales generales del Estado que nombró el PSOE me prohibieron investigar a Pujol» (Carlos Jimenez Villarejo, fiscal anticorrupción entre 1995 y 2003)

90 años de PujolEl hijo de don Florenci (condenado por evasión de capitales a Suiza en 1959), que supo escabullirse entre los restos de Banca Catalana para llegar a suceder a un personaje tan histórico, y de gran calado, como Josep Tarradellas, quien nunca se fió de él hasta afirmar que «… debería dimitir por lo de Banca Catalana; es un dictador que dejará un lastre muy grande. Su acción de gobierno se limita a decir que nosotros somos formidables y Madrid siempre se equivoca»; ocupó la presidencia de la ‘autonomía’ de Cataluña durante veintitrés años (1980/2003), en los que supo pactar con unos (Felipe González…) y con otros  (Suárez, Aznar) presumiendo de sentido de Estado, al dar estabilidad a los gobiernos de España, hasta llegar a ser reconocido como “Español del año 1984” por el diario ABC, mientras, al tiempo, desarrollaba el programa político “Cataluña 2000”, recogido en un documento creado en sus primeros años al frente de la Generalitat, que tenía por objeto establecer las bases para diluir el idioma y la cultura española en Cataluña, convirtiendo la región, primero en un país, y luego en un Estado, con una estrategia muy definida en el terreno educativo y en el control de los medios de comunicación, donde destaca el caso de TV3 y las emisoras de radio, especialmente las públicas, cuya consecuencia se ha dejado sentir en las nuevas generaciones de catalanes criados bajo su influjo y creencias.

«¿Sabes qué es la Generalitat?…¡La Generalitat somos tú y yo!«(afirmación de Jordi Pujol a Lluis Prenafeta, recogida en el libro ‘Jordi Pujol: en nombre de Catalunya’ de Félix Martinez y Jordi Oliveres -Editorial Debate-)

La realidad paralela de esos años de adoctrinamiento llega a que cuando el “ex-molt honorable” ya no lo es, sea reconocido por amplias capas de la sociedad catalana como una especie de padre simbólico, a pesar de todo lo que es público sobre él, sobre su familia, su forma de actuar y la sistemática que implantó en su formación política, ahora condenada por la trama del “tres per cent”; una organización supeditada al poder de su ‘caudillo’ y al cobro  de comisiones. Todo lo cual no impide que personajes como Pilar Rahola (ex-política de ERC y ahora tertuliana en los medios de 90 años de Pujolcomunicación) llegue a decir que: “La figura política de Jordi Pujol es más importante que su escándalo. Incluso más que sus propias miserias. Su legado, su obra, que yo valoro muy positivamente, ahora no la tenemos en cuenta y la menospreciamos porque estamos muy enfadados. Sin poder separar su caso con la famosa herencia, dejando a un lado el tres por ciento que es otro tema, Jordi Pujol es un personaje político de primera categoría”, justificando, de alguna manera, la frase repetida en algunos rincones de Cataluña de “volem lladres catalans” (queremos ladrones catalanes), como si lo segundo inhibiera lo primero.

Volem lladres catalans

Suelo repetir en algunos de mis artículos la afirmación de que “lo peor de ser, es dejar de ser” y en el caso de Jordi Pujol no es que él dejara de ser ‘president’ de la Generalitat de Cataluña, “molt honorable” o líder máximo de CiU y CDC, sino que con él, Marta Ferrusola dejó de ser la esposa del todopoderoso hacedor e inmune a la Justicia, así como cada uno de sus siete hijos (cinco hombres y dos mujeres) perdieron su influencia, después de haber compartido, algunos de ellos, testaferros con Rodrigo Rato y otros, en paraísos fiscales. Es decir quien ‘dejó de ser‘ fue toda la familia, descubriéndose ni «Real», ni dinastía.90 años de Pujol

El gran lunar negro de la gestión política de Pujol fue en lo relativo a sus  hereus”. Hay un dicho en el mundo de la empresa y de la ‘cosa pública’ que afirma que “si quieres saber quien fuiste, mira quien ocupó tu puesto” y sus sucesores en el Palau de la Plaza de Sant Jaume, desde Artur Mas a Quim Torra, pasando por Puigdemont, le habrán enfrentado a una sensación medio amarga en su prurito personal, pero hay que reconocer que nunca se fió mucho de los propios y que fue él quien segó las posibilidades políticas de Miquel Roca i Junyent o Josep Antoni Duran i Lleida, siempre con el objetivo puesto en su hijo Oriol, finalmente descabalgado como sucesor, al rebufo del ‘caso de las ITV’s‘.

Si quieres saber quien fuiste, mira quien ocupó tu puesto

90 años de PujolDon Jordi cumple noventa años y un grupo de cercanos, familiares y agradecidos de toda condición, se han unido para brindarle el regalo de una web a través de la cual le han hecho llegar mensajes que, a pesar de todo, no lograrán que el hijo de don Florenci rompa su gesto serio, adusto y  distante; ni impedirán que tenga añoranza y nostalgia, bañadas en rabia y dolor, de cuando él, solo él, era el poder, el verdadero poder, para gobernar, influir, poner gobiernos en España o dejarlos caer, sabiéndose «primus ínter pares«, sino rey, sí virrey, a la altura del propio Jefe del Estado, con el cual compartía siempre íntimos almuerzos por Navidad en Baqueira, en el marco de los cuales don Juan Carlos le repetía aquello de “tranquil, Jordi, tranquil”, obteniendo en justa correspondencia y de forma equitativa, éste de aquel lo que pretendía. ¡Qué sabrán éstos de ahora!.

Artículo publicado en @elespanolcom el 29/06/2020: https://www.elespanol.com/blog_del_suscriptor/opinion/20200629/anos-pujol/501019894_7.html

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