Sumisión, petrodólares y vasallaje

06 Dic 2022

Al tiempo que en nuestra contemporaneidad se habla del concepto sostenibilidad como coartada y contraste para cualquier plan, intención o propósito, tanto en su afección medioambiental, como económica; los dos últimos grandes proyectos deportivos, a nivel mundial, se han puesto en marcha en contra del más esencial sentido común en relación al medio ambiente.

Juego Olímpicos de Invierno de Pekín 2022

Así los últimos Juegos Olímpicos de Invierno se concedieron a Pekín, quien construyó ‘ad hoc’ un microclima artificial en el que la nieve formaba parte de una especie de alfombra que recorría los trazados diseñados a lo largo de la zona montañosa de Xiaohauituo, situada a unos dos mil metros de altura pero que solo recoge unos unos treinta y tres centímetros de precipitación de nieve al año, debido a su ubicación, orientación y climatología. Oficialmente la inversión fue de 3.350 millones de euros, pero la construcción de las infraestructuras necesarias se elevó en otros 80.000 millones de euros, sin que esté claro cual será su aprovechamiento y la utilización de las mismas, para su amortización tras la cita olímpica; quizás la potencia económica mundial que es China se lo pueda permitir, pero el medio ambiente de nuestro planeta, y quienes habitamos en él, no.

Los dos últimos grandes proyectos deportivos, a nivel mundial, se han puesto en marcha en contra del más esencial sentido común en relación al medio ambiente y la sostenibilidad.

Sumisión, petrodólares y vasallajeY unos meses después de aquellos Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín 2022, y dentro del mismo año natural, se disputa el Mundial de Futbol en Qatar, un país radicado en una zona desértica que ha hecho modificar el calendario tradicional de las competiciones futbolísticas en los cinco continentes para programarlo en invierno, evitando los más de 50 grados centígrados que se pueden alcanzar en el territorio de ese país, en las fechas habituales para la Copa del Mundo de Fútbol.

El pequeño país catarí, con una superficie de 11.586 kms, algo menor a la de la provincia española de Guadalajara (12.167 kms), pero dotado de la gran fortuna de contar con la mayor reserva mundial de gas natural e ingentes cantidades de petróleo, recursos que le han convertido en el que acredita el mayor nivel de renta per capita del mundo, capaz de dedicar 229.000 millones de dólares para transformar el desierto donde se ubica, en una sucesión de ciudades, construyendo aeropuertos, red de metro, estadios, hoteles y cualquier infraestructura necesaria, sin que quede claro que sucederá con todo ello cuando finalice el Mundial de Futbol de 2022. Aunque la paradoja absoluta es la que resulta de comparar esa cifra abrumadora, con los 2.641.669 de habitantes de Catar lo que que supone que cada uno de ellos, en cálculo empírico, ha aportado más de 86.000 dólares al evento. ¿Para qué?, la pregunta no parece tener respuesta, al menos dentro del menos común de los sentidos.

Qatar ha gastado 229.000 millones de dólares en la celebración del Mundial 2022, multiplicando por veinte el gasto realizado por Rusia en 2018 (hace cuatro años), que fue de 11.600 millones de dólares.

Columpio del Mahbida Stadium de DurbanHace doce años, Sudáfrica construyó grandes estadios para la celebración de la Copa del Mundo de 2010, aunque lejos del volumen de gasto ahora acometido por Catar 2022, y la mayoría de aquellos están infrautilizados, incluso alguno medio abandonado, dándose la paradoja que uno entre ellos, el Mahbida Stadium de Durban, en lugar de acoger competiciones futbolísticas, ha acabado considerado como el columpio más alto del mundo, donde cualquier visitante dispuesto a pagar 50 dólares se puede animar a realizar un salto desde el punto más alto del estadio hacia el terreno de juego. ¿Cuál es la sostenibilidad de esas inversiones?.

En 2010 la FIFA, presidida por entonces por Joseph Blatter, anunció la concesión del Mundial de 2022 a Qatar, decisión que desató sospechas de sobornos pagados para ello, con una investigación llevada a cabo por el periódico inglés ‘Sunday Times‘, quien confirmó que ello había sido así. En este año 2022 el mismo Blatter ha manifestado que ‘la elección de Qatar fue un error. Asumo mi responsabilidad, yo era el presidente de la FIFA en aquel momento‘, información no le debe faltar, aunque quizás el paso de los años ha hecho perder peso a las razones que motivaron lo que él ahora califica como error.

«La elección de Qatar fue un error. Asumo mi responsabilidad, yo era el presidente de la FIFA en aquel momento» (Joseph Blatter)

Sumisión, petrodólares y vasallajeOtra gran polémica generada en torno al Mundial de Catar proviene de las condiciones de trabajo de los inmigrantes que han sido movilizados en las grandes obras necesarias para las infraestructuras necesarias del evento, calculándose por medios con gran reputación internacional, como ‘The Guardian‘ o la ‘CNN‘, que las muertes por accidente, dentro de ese colectivo, podrían alcanzar los 6.500 trabajadores, cifra negada por los portavoces de la Organización, quienes no admitían hasta hace unos días, más de 30 fallecimiento, que han elevado recientemente a 400.

Los derechos de las mujeres y la situación del colectivo LGTBI, se ven ampliamente vulnerados dentro de Qatar, y esa falta de homologación con el derecho internacional debería haber sido tenido en cuenta a la hora de conceder un evento como este a un país que no puede estar de espaldas a la realidad del resto de la comunidad de países.

«Al final los votos de Platini fueron decisivos para la adjudicación a Qatar. Esa es la verdad. Y por supuesto que había una cuestión de dinero de por medio. Seis meses después de aquellas reuniones, Qatar compró aviones de combate a los franceses por valor de 14.600 millones de dólares» (Joseph Blatter)

Sumisión, petrodólares y vasallajeAdemás de lo anterior, en 2017, Qatar recibió acusaciones de apoyar el terrorismo, las cuales provenían de otros países vecinos del Golfo Pérsico, liderados por Arabia Saudita, junto a E.A.U., Bahrein, Yemen y Egipto, con quienes  se comunicó la firma de un acuerdo en 2021, por el cual se restablecían las relaciones diplomáticas, del que no se publicaron detalles, a pocos meses del inicio del Mundial.

El futbol es el deporte espectáculo por naturaleza en nuestra contemporaneidad y hace ya algunos lustros el dinero procedente del petróleo, sus derivados y la industria energética con origen en los países árabes fueron dirigiendo su interés hacia agrandes franquicias de este deporte, así el PSG es hoy controlado por ‘Qatar Sports Investments’ y el Manchester City por ‘Abu Dhabi United Group’, con algo más que sospechas sobre su adecuado cumplimiento de las nomas del Fair Play Financiero que afectan a las competiciones donde participan, y Qatar hoy ha puesto el dinero suficiente para conseguir que el mundo del futbol pare sus competiciones y todas sus grandes figuras celebren un Mundial, en el desierto, a orillas del Golfo Pérsico, como auténticos dueños del mundo, petrodólares por medio, ¿a quién le preocupa la recuperación de los millones allí enterrados?, desde luego al emir de Qatar no parece.

¿A quién le preocupa la recuperación de los miles de millones enterrados bajo las arenas del desierto en Qatar?

Este Mundial es la metáfora del poder del dinero en esta tercera década del siglo XXI, para que como siempre ha pasado en la historia del mundo, quien lo posee, hace el uso necesario para saciar sus deseos. Sumisión, petrodólares y vasallaje son las tres palabras que explican lo que está sucediendo, durante estas semanas, en los 11.586 km2 de terreno que ocupa la península de Qatar, bañada por las aguas del Golfo Pérsico.

 

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