Sueños y visiones de Rodrigo Rato, crítica teatral

26 Sep 2019

Se suele decir que la más radical ficción toma sus argumentos de la vida real, porque muchas veces la imaginación del creador literario no llega allí donde sí llega la realidad, de manera increíble.

Si no, como imaginar la historia de un burgués de cama, con varios títulos nobiliarios en su familia, hijo de banquero encarcelado por evasión de capitales, bisnieto de un alcalde de una gran capital europea, que a través de la política consiguió ser ministro de su país, e incluso vicepresidente del Gobierno, ocupar la presidencia del poderoso Fondo Monetario Internacional (FMI) con tratamiento de jefe de Estado, para, ya en su declive, aceptar la máxima responsabilidad de una entidad financiera, de 300 años de historia, para acabar con ella, hundiéndola, integrada con otras siete menores, y él mismo en la cárcel tras utilizar una “tarjeta black” (opaca a efectos fiscales) con la que pagar desde objetos religiosos a alcohol, a altas hora de la madrugada, en salas de fiesta; desviar fondos a si mismo de los contratos de publicidad que él autorizaba, además de otros delitos como estafa y falsedad contable. Aunque, quizás, nada le doliera tanto al atormentado protagonista como el desprecio de la esposa de quien le aupó a su carrera política, simplemente por haber abandonado a su primera mujer, íntima amiga de aquella. Imposible imaginar este viaje desde los cielos al infierno de este ‘romántico’ que en respuesta a la pregunta de …¿para qué hiciste esto?, afirme que simplemente por amor, para finalmente entregarse a la meditación y el yoga.

“Rodrigo, ¿tú quieres ser presidente de Gobierno?”

Y el ejercicio indicado, desde la realidad a la ficción, con más de lo primero que de lo segundo, es el que recorrieron Pablo Remón y Roberto Martín Maiztegui para escribir el texto de “El milagro español”, reconocido con el Premio SGAE de Teatro ‘Jardiel Poncela’ en 2017, ahora llevado a la escena retitulado como “Sueños y visiones de Rodrigo Rato” en el ambigú de El Pavón Teatro Kamikaze, coincidiendo temporalmente con la fase de conclusiones del juicio sobre el “Caso Bankia” que se está celebrando en la sección cuarta de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional con Rodrigo Rato entre sus encausados, junto con otros treinta y tres imputados.

El espectáculo “Sueños y visiones de Rodrigo Rato”se desarrolla a través de catorce escenas que van recorriendo los hitos principales de la historia de quien fue catalogado como icono del “milagro económico español” enmarcado entre los años finales del siglo XX y los primeros del XXI, con ocaso y estruendoso batacazo en el 2008, del que todavía la sociedad española no se ha recuperado. Con un ritmo vibrante y bien marcado por parte de su directora, Raquel Alarcón, construido básicamente por hechos conocidos y dos “puntos ciegos” sobre los que falta información contrastada (la causa de su primer ‘no’ a Aznar para aceptar su sucesión como presidente del Gobierno y lo que se ocultó alrededor de su dimisión como presidente del FMI).

“¿Qué cojones celebrais? …¡os la meten y no os enteráis!”

En el relato de esta historia, más detallada y conseguida en sus inicios que en la fase de resolución vinculada a Bankia, aparecen personajes como Manuel Fraga, José María Aznar, el padre y el bisabuelo de Rato, además de Mariano Rajoy, todos interpretados por Juan Ceacero, además en el rol de un taxista que recoge al protagonista tras declarar en la Audiencia Nacional. Ceacero lo realiza de forma divertida y desenfadada con aproximaciones libres a todos esos personajes, pero dotándoles de un sello personal que nos hace reconocerlos en él, unas veces el tono de voz, otras algún giro expresivo, una mueca gestual, etc …

Frente a su compañero, Javier Lara asume la recreación de Rodrigo Rato, desde su infancia y adolescencia, hasta los mismos momentos alrededor de su encausamiento, interpretando al personaje sin intentar imitar sus tics, sino presentando sus hitos (y escándalos) con un punto gamberro, acompañado de toques de cinismo y burla, lo cual viene muy bien a una trama que deambula por mullidas alfombras hasta que el protagonista enfila su camino hacia la prisión de Soto del Real. 

Los elementos de la escenografía se reducen a cinco sillones, que colocados, unos sobre las otros, en diferentes posiciones, y apoyados sobre unos escalones de madera, nos reciben al inicio de la representación, pero el uso y la posición de ellos en cada una de las catorce escenas será diferente, lo cual habla de una creativa versatilidad, con tan nimios recursos, que está en línea con la agilidad con que se rige todo el espectáculo.

“Rato llenaba los parqués de la Bolsa y Chimo Bayo las pistas de las discotecas»

Diversión y amargura se entrecruzan en estos “Sueños y visiones de Rodrigo Rato”, lo primero tiene que ver con toda la puesta en escena, con el humor e ironía con el que se aborda la historia, y las desenfadadas aproximaciones que hacen los interpretes de los personajes que recrean. La amargura está en la historia, en lo poco edificante de comportamientos como los de Rato y otros tantos como él, y en el dolor que generaron a las víctimas de sus despropósitos con el único foco de conseguir el poder, para sacar ventaja, plegándolo a sus propios intereses personales. Pura tragicomedia hervida al fuego lento de la corrupción, la malversación y la prevaricación.

Esperpento para documentar hechos sucedidos, porque la mejor ficción siempre se nutre de la realidad.

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