Señora de rojo sobre fondo gris, crítica teatral

24 Sep 2019

Veinticinco años separaron la creación de dos de las obras literarias de Miguel Delibes que han llegado, con mucho éxito, a representarse sobre la escena en forma de monólogo, “Cinco horas con Mario” fue escrita en 1966 y en 1991 lo fue “Señora de rojo sobre fondo gris”. Similitudes en sus formas, pero no tanto en el fondo.Señora de rojo sobre fondo gris, crítica teatral

“No ignoro que el recurso de beber es un viejo truco para escapar de ti mismo”

La Carmen Sotillo tantas veces representada por Lola Herrera, pertenecía a la burguesía, de espectro social conservador y de un carácter seco, un punto agrio. La Ana a la que dedica su conmovedor monólogo José Sacristán, a través del personaje de Nicolás, el pintor que ya nunca pudo pintar, ni enfrentarse a un lienzo blanco, después de perder, prematuramente, a su esposa, era vivaz, vitalista, capaz de contagiar alegría, de ideales progresistas y, según dice su marido, mujer que “…con su sola presencia aligeraba la pesadumbre de vivir”.

La una y la otra compartieron los años de la mitad del siglo XX en una España que intentaba dejar, como el fondo del título de esta obra, el gris atrás, situación que perfectamente supo describir el gran escritor que fue, es y será, Miguel Delibes, uno de los grandes narradores españoles, miembro de la RAE, ocupando el sillón “e”, durante treinta y cinco años (desde 1975, hasta su muerte en 2010).

“Los libros no te resuelven los problemas, te los crean”

José Sámano además de dirigir el espectáculo, y como ya sucedió en “Cinco horas con Mario”, es responsable de la adaptación teatral del texto, junto con Inés Camiña y el propio protagonista del monólogo, José Sacristán, lo cual realizan de forma acertada, dotando al relato de la teatralidad necesaria, incorporando algunos toques, muy sutiles, de humor.Señora de rojo sobre fondo gris, crítica teatral

Los noventa minutos de gran carga emocional que nos comparte el magnifico José Sacristán en “Señora de rojo sobre fondo gris” tratan de la propia gestión del duelo que vivió Miguel Delibes ante la inesperada y dolorosa muerte de su mujer, Ángeles de Castro, a los 48 años de edad. Es el relato de un hombre enamorado y anclado al recuerdo de su mujer, “tan grácil y atractiva…(cuando enfermó)…como cuando la conocí en el parque a los 16 años”, capaz del encantamiento de todo aquel que se le acercara y dotada de un cuerpo que no perdía su aspecto de sílfide, ni embarazada. El autor no pierde tiempo, ni utiliza segundas subtramas: ella era su único y gran soporte. Hay pena por la pérdida, pero también celebración por el tiempo compartido.

“El vuelo de su fantasía superaba mi perspectiva”

Señora de rojo sobre fondo gris, crítica teatralPero la guinda absoluta de este espectáculo está en el derroche de capacidad interpretativa de José Sacristán, a sus 81 años de edad, dueño de una voz inconfundible, grave en su tono, pero diáfana en cuanto a la claridad de su dicción; capaz de administrar con maestría los silencios y de mantener su mirada al público, trasladando con sus ojos, vidriosos en muchas partes de esta función pero llenos de energía, las necesarias dosis de énfasis, dolor y sentimiento. Gran interpretación de Sacristán que da un verdadero recital, con un trabajo profundo y medido que conmueve, en un desempeño lleno de maestría y oficio que debe servir de buen ejemplo a las nuevas generaciones actorales, administrando, en dosis precisas, el dolor y la herida interior, pero también el amor, todo ello con las gotas justas de ironía y humor, en un tobogán de emociones que nos atrapa, para llegar finalmente a hacer presente en escena, más allá de Nicolás, al propio Delibes.

Señora de rojo sobre fondo gris, crítica teatralArturo Martín Burgos crea una escenografía, siempre fija, que recrea, acertadamente, el taller de pintor de Nicolás (un diván, un caballete, bocetos, dos sillones, una mesa, una silla, una estantería, cubo con pinceles, una lámpara cenital, un taburete …y un vaso de whisky servido sobre él), todo ello dominado por una gama de colores grises, sobre los que finalmente se impondrá el arrebatador color rojo de la etérea presencia de Ana, su mujer. A destacar el trabajo de iluminación de Manuel Fuster que acompaña, paso a paso, el desarrollo del texto, anticipando los momentos de mayor dramatismo con los recursos lumínicos de forma sutil, al igual que lo consigue Mariano García con el sonido, además de introducir en escena los pensamientos de Ana, a través de la voz de Mercedes Sampietro.

“…con su sola presencia aligeraba la pesadumbre de vivir”

Durante el desarrollo del espectáculo cuenta el artista, por pintor, que es Nicolás (Sacristán /Delibes) que Ana, su mujer, para saber si iba bien su trabajo, inspiración mediante, le solía preguntar¿bajaron los ángeles?” y en esta obra podemos afirmar, rememorando la cita, que sí¡que bajaron los ángeles!, en una interpretación soberbia de José Sacristán y en un relato de Miguel Delibes, que sin espacio a la sorpresa narrativa, que no hay, domina la emoción y lo hace hasta conmovernos.

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