El loco de los balcones

21 Sep 2014

Sobre texto original de quien ya es un madrileño de adopción, aunque peruano (Arequipa) de nacimiento y corazón, Mario Vargas Llosa, esta pieza escenifica la lucha entre idealismo y pragmatismo, entre pasado y futuro, también, en cierta manera, entre vejez y juventud, dando la oportunidad para que disfrutemos de la mejor versión de José Sacristán, esplendido toda la obra, especialmente en el penúltimo cuadro cuando su personaje, Aldo Brunelli, descorre la cortina de sus ojos y puede ver más allá de sus queridos balcones limeños. Sacristán da un punto muy acertado al protagonista de esta obra, recordándonos, por momentos, a otros grandes de la escena teatral española cómo Carlos Lemos ó José María Rodero.

El personaje del profesor Aldo Brunelli es ficticio, pero Vargas Llosa dice haberlo escrito sobre el recuerdo de un viejo profesor florentino de Historia del Arte, Bruno Roselli, que se desesperaba con la desaparición de los viejos balcones de la ciudad vieja de Lima, representativos de su mejor época, sucumbiendo ante las nuevas formas de vida y los nuevos edificios. En la justificación de su afán por defenderlos de la desaparición, el personaje del profesor Aldo Brunelli utiliza esta frase durante la obra: “…para un país tan importante es su pasado, cómo su futuro…”. La obra trata de un idealismo, de la defensa a lo bello, de respeto al pasado y sus formas, en conciliación necesaria con el progreso humano.

La puesta en escena es acertada y correcta, con una vieja balconada de tamaño natural en posición inclinada sobre el escenario. Muy original es la idea de las numerosas maquetas de balcones por suelos y muros, así como el hueco dentro de la escena para ubicar al personaje del doctor Asdrubal Quijano, con sus tintes déspotas y burocráticos. La dirección de Gustavo Tambascio es acertada, aunque podría haberse mejorado el funcionamiento del portón frontal que va dando acceso a ciertos movimientos, de entrada y salida, de personajes. Conseguida es la dirección musical que, por momentos, sorprende.

A destacar el numeroso elenco que forma este montaje, con ochos personajes sobre el escenario en algunos momentos, hito prácticamente desaparecido sobre nuestras tablas en estos tiempos de crisis y recortes. Entre las interpretaciones destaca Emilio Gavira en el personaje del doctor Asdrubal Quijano, así como Juan Antonio Lumbreras y Alberto Frías, muy conseguido en el breve, y agradecido, papel de Panchín, y sorprendente en su canto como “contratenor”. Candela Serrat da la réplica a Sacristán en el papel de Ileana, la hija del profesor Aldo Brunelli, de una forma correcta, si bien puede pecar de falta de cierta expresividad en algún momento, aunque quizás ello sea algo buscado desde la dirección artística.

El espectáculo es recomendable, aún con momentos excesivamente sentimentales, con una muy destacada interpretación de José Sacristán y un conseguido efecto coral, que nos brinda otro punto de referencia en la muy interesante cartelera teatral madrileña de este otoño.

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