La habitación de María, crítica teatral

03 Nov 2020

Concha Velasco (Valladolid, 1939) nos ha regalado a todos los aficionados al teatro grandes interpretaciones que forman parte de la historia de las artes escénicas, desde “Mamá, quiero ser artista” a “Reina Juana” o “ Hécuba”, pasando por “Filomena Marturano”, “Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?”, “La rosa tatuada” o “Hello, Dolly” además de otras más de treinta obras, sin poder olvidarnos de grandes aportaciones artísticas, como en la película “Más allá del jardín” (1996) por la que fue nominada como mejor actriz en los Premios Goya o en su recordada encarnación de Teresa de Jesús (1983) en una de las series televisivas de mayor éxito. Doña Concha, aunque siempre será ‘Conchita’ para una gran parte de la sociedad española, forma parte de la gran historia actoral de España y ello es una evidencia objetiva que no admite discusión, sin que se sea baladí el hecho de haberse curtido sobre los escenarios en la compañía de Celia Gámez, lo cual, sin duda, imprime carácter.La habitación de María, crítica teatral

“La libertad está en ser audaz”

Sin embargo, cualquier carrera exitosa no supone la infalibilidad en todas las propuestas de las que se participe, y al pasar de tan solo unos pocos años, tras protagonizar trabajos tan sobresalientes como los ya mencionados de “Reina Juana” (2016) o “Hécuba” (2013), anunció su despedida de los escenarios con el espectáculo “ El funeral” que si bien recibió una gran afluencia de público, ante la notoriedad de la artista que la interpretaba, supuso una gran decepción para una gran parte de los espectadores que fueron objeto de su atracción, solo consolados por el deseo de una próxima obra que les diera la oportunidad de disfrutar de la gran actriz a la que siempre esperan.

En el verano de éste ya histórico año 2020, Doña Concha estrenó nueva propuesta, de gira desde entonces, que llega a Madrid siendo acogida en el Teatro Reina Victoria, de nuevo sobre un texto de su hijo, Manuel Martínez Velasco, aunque en esta ocasión dirigida por la experta, y sabia, mano de José Carlos Plaza, bajo el título de “La habitación de María” cuyo planteamiento de partida es interesante, con una escritora, ganadora del Premio Planeta, que lleva confinada, sin virus de por medio, en su ático de Madrid desde hace 43 años, la interrogante sobre las causas de su reclusión será puesta en contraposición por un incendio que prende en el edificio donde vive, en el mismo día en que cumple 80 años, ¿que prevalecerá, su determinación mantenida en los últimos 43 años o el futuro que ese día se abre ante ella?.

“¡Yo sólo quiero que me escuchen!”

La trama planteada por Martinez Velasco se va diluyendo, hasta caer en una resolución algo ñoña, muy alejada de lo que se podía intuir en la interesante disyuntiva inicial, que el buen oficio de la Velasco solo puede salvar en sus formas, aún con una movilidad muy limitada que la mantiene sentada en una silla de despacho toda la función.

La habitación de María, crítica teatral

El saber hacer de José Carlos Plaza se hace evidente, en contraposición a lo sucedido en “El funeral”, con una acertada escenografía de Paco Leal, aún con efectos no demasiado naturales, como puertas que se abren solas, etc… en lo que tiene mucho que ver lo referido sobre los movimientos de la protagonista. Adecuado espacio sonoro de Arsenio Fernández. El trabajo de video escena de Bruno Paena no nos convenció tanto como en otras ocasiones, con una recreación del fuego poco convincente.

El mayor despeñadero es la confianza” (Francisco de Quevedo)

La habitación de María, crítica teatralLa habitación de María” supone caer en la reincidencia sobre lo ya comentado respecto a “El funeral”, comprendemos perfectamente lo que motiva y sustenta esta propuesta, pero nada favorece en ella el recuerdo que perdurará siempre en nosotros de Concha Velasco y quienes le rodean deberían velar por ello, incluso más que ella misma.

A pesar de lo aquí reseñado, el momento siguiente a finalizar el espectáculo supuso el inicio de una clamorosa ovación a la persona que encarna la única razón por la que el público acude a esta propuesta, con gran parte de los espectadores puestos en pie y emocionados, porque las propias limitaciones físicas, que no se ocupó de ocultar la protagonista, emocionaron, aún más, a sus muchos incondicionales que llenaban la platea y los palcos. 

“¡Vengan ustedes al teatro!” (Concha Velasco, al público, al agradecer la ovación y los aplausos)

Acudan, acudan a ver a la Velasco, sin duda se lo merece y cada vez que se sube a un escenario sigue escribiendo historia del teatro. Yo por mi parte, volveré a reincidir la próxima vez que lo haga con una nueva propuesta, al margen de las sensaciones, dulces o amargas, que me genere. Mientras tanto seguiré con la expectativas de que esa vez no tenga que hablar solo bien de ella y de su brillante trayectoria. ¡Hago votos por ello!.

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