El caballero incierto, crítica teatral

05 Feb 2021

Corría 2016, cuatro años antes de que el Coronavirus Covid-19 llegara a nuestras vidas, cuando Silvia de Pé se entregó a la lectura de una de sus escritoras favoritas, Rosa Montero, a través de las paginas de “La Carne” para más allá de la trama, quedar subyugada por un personaje que aparecía en ella durante unas pocas páginas (diez aproximadamente), bajo el nombre, en esa ficción, de Josefina Aznárez.El caballero incierto

“Mi función es de mero prólogo”

Tal fue la atracción generada, que la lectora contactó con la autora para solicitarte su autorización para llevar a ese personaje hasta un espectáculo teatral, al estar convencida de que su interés en él, sería extrapolado hacia el público en general, identificando una pulsión interior que le hacía sentir la necesidad de reivindicar la historia de Josefina y tantas otras como ella.

Obtenida la venia de Rosa Montero, fue Laila Ripoll la encargada de desarrollar el texto sobre ese personaje que tantas emociones había disparado en la lectora, y también actriz, Silvia de Pé. 

“¿Qué interés van a tener estos señores en conocer a una solterona aburrida e insulsa?”

El caballero inciertoEl argumento planteado por Ripoll para poner en escena a Josefina Aznárez funciona como una herramienta de precisión, a partir de una trama de suspense en el que la protagonista sale a escena, dirigiéndose al público como si se trata de los asistentes a una conferencia que va a impartir Don Luis Freeman, reconocido autor, escritor e intelectual, quien mientras tanto merodea por detrás de los cortinajes en el fondo del escenario.

En esa primera escena la señorita Aznárez nos pone en situación, a través de los detalles de la llegada a la ciudad de Santander, en 1892, del señor Freeman, cuyo nombre, afirma, significa “hombre libre” …¡Lo que yo como mujer nunca podría ser!, y del impacto social que le rodeó entre la burguesía cántabra tras haber abandonado su Cuba natal, que le llevó, incluso, a ser retratado en una pintura célebre en la época, la cual se tituló “El caballero incierto”.

“Freeman, hombre libre…lo que yo como mujer nunca podría ser”

El caballero inciertoAlberto Castrillo-Ferrer y José Recuenco, codirectores del espectáculo recrean el romanticismo de la época y un cierto aire décimononico a través de una conseguida puesta en escena con muebles de la época, y un imprescindible gramófono dominado por grabaciones de la obra de Bellini, responsabilidad de Anna Tusell, correctamente iluminada por Juan Gómez-Cornejo. Destacada aportación en el vestuario de Arantxa Ezquerro, así como de David Angulo en la composición de la música original y el espacio sonoro.

Luis Freeman aparece, por fin, en escena, con su verborrea trufada de términos en “espanglish” (good, well…), su aspecto es el de un dandy de la época, con aires de vividor, impecablemente vestido y saboreando un buen habano, en vínculo con su tierra de procedencia. Josefina ya nos había avisado…¡Don Luis es avasallador!, aunque él nos confiesa que su primigenia atracción por la señora Aznárez, se desvaneció por completo y ya solo es un recuerdo del pasado.

“¿Qué necesidad tenía una señorita de instrucción?”

Josefina Aznárez y Luis FreemanSilvia de Pé es la única intérprete de este espectáculo, cuya forma es la de un exigente monólogo en el que encarna a los dos personajes, haciéndolo de forma magnífica, aunque sin duda es en la escena final cuando su trabajo roza el ripio máximo, desdoblándose en ambos a la vez, permitiendo a los espectadores disfrutar, como si del Doctor Jekyll y Mr. Hyde se tratase, ya que Josefina Aznárez y Luis Freeman son la misma persona, siendo el segundo una invención de la primera a fin de canalizar su propia creación, primero literaria y luego social, que llega al paroxismo de decidir dar por muerta a la primera para disfrutar de la glamurosa vida del personaje salido de su imaginación… ¡Por fin seré Luis Freeman a tiempo completo!, extremo que se trunca con motivo del accidente (dato cierto e histórico) del barco de vapor Cabo Machichaco en 1893, que revela que tras las ropas y apariencias masculinas de don Luis, es una mujer quien le habita, exactamente la señorita Aznárez, que para el resto de sus días es recluida en un centro psiquiatrico, acompañada del anverso de si misma, como si de una moneda se tratase, el señor Freeman.

Aznárez & Freeman“¡Por fin seré Luis Freeman a tiempo completo!”

Una gran ovación, unánime, saluda a la única interprete de este estupendo espectáculo, a quien se percibe emocionada, sin duda por el reconocimiento dado a su trabajo actoral, pero también por su implicación e inspiración para llevar a Josefina Aznárez, con sus pulsiones y emociones, desde aquellas diez páginas de “La Carne” escritas por Rosa Montero, hasta ese escenario de la Sala Margarita Xirgu del Teatro Español.

 

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