Doble o nada, crítica teatral

05 Ago 2021

El director de un importante medio de comunicación, aquejado de una grave enfermedad, debe elegir a su sucesor, y los candidatos son sus dos subdirectores, por un lado Beteta responsable de la versión en papel y veterano de largo recorrido en la profesión donde desarrolló unos colmillos lo suficientemente retorcidos, nadie se fía de él, igual que él tampoco lo hace nunca; por otro lado Miky, responsable de la versión digital, joven y audaz, con ganas de cambiar el mundo, la profesión periodística y, por supuesto, el medio en el que trabaja, para el que fue captada en la Universidad por su actual jefe, en el marco de unos procesos formativos que él impartía.

“El director que no sabe tomar decisiones es prescindible”

Doble o nada, crítica teatralÉste espectáculo, viene siendo representado por los mismos protagonistas, con periodos de descanso, desde 2017, habiendo sido estrenado con gran éxito en Argentina donde fue nominado, en ese mismo años, a los Premios ACE en las categorías de mejor actor, mejor actriz y mejor espectáculo, así como al Premio María Guerrero del 2017, al actor protagonista. Aunque en 2014 ya había sido llevado a la escena, con el mismo elenco, bajo el título de “Testosterona”.

Ricardo, el director que busca sustituto/a, recibe en su despacho a Miky y le hace participe de la situación. Hay un casting montado para sucederle, y es consciente del desprecio que ambos candidatos sienten por el otro. El premio será grande: ser elegido nuevo director; pero la alternativa es igual de potente: el despido y proseguir su carrera profesional en otro lugar. Doble o nada. Ganar todo o perderlo todo.

“Un director jamás pide disculpas”

Doble o nada, crítica teatralEl hecho objetivo de que los candidatos sean hombre y mujer, ya plantea una dualidad más allá de los merecimientos objetivos de cada uno, y el reto de Miky para acceder a la máxima posición ejecutiva en un importante medio de prensa, debiendo obtener para ello, primero el respaldo de su actual director y luego el refrendo de todo el ‘consejo de administración’ compuesto por hombres en su totalidad, supone la necesidad absoluta de romper el llamado “techo de cristal”. La partida está en marcha.

De lo que habla “Doble o nada” es de la lucha por el poder, de la ambición por poseerlo, de lo que se está dispuesto a hacer por conseguirlo y de las herramientas que se emplean en esa batalla más allá de los hechos evaluables y objetivos, como capacidad, mérito o experiencia, ahí es cuando afloran la trampa, el engaño, la traición…y el sexo. 

“Los matrimonios son una anomalía biológica”

protagonistasEs célebre la cita del político Henry Kissinger, en la que afirma que “el poder es el mayor afrodisiaco”, por supuesto para quienes caen cautivados/as ante quien lo detenta, en mayor o menor escala; pero también para quienes ejerciéndolo, creen que no hay barreras, ni límites, para sí. Para ilustrarlo merece la pena reseñar que en pleno escándalo por el “caso Lewinsky”, Larry Flynt, editor de la revista “Hustler”, publicó anuncios en The Washington Post ofreciendo un millón de dólares a quien le documentara algún “affaire” o historia comprometida con algún integrante del Congreso de los USA, a lo cual dijo obtener una respuesta abrumadora, que sólo él sabe como administró.

El poder se tiene y se deja de tener. El personaje más anodino sin poder, es capaz de resultar glamuroso con su áurea, mientras que desposar de oropeles a quien fue poderoso, le hace volver a diluirse en el magma de la masa, de lo cual tenemos reiterados casos observables en el mundo real que nos rodea.

“A estas alturas de la vida, la única posibilidad de que nos llegue la juventud es por contagio”

En la conversación entre Ricardo y Miky, entre el director y su subdirectora, la tensión sexual estalla, y sobre los rescoldos de sus consecuencias Sabina Berman, autora del texto, consigue realizar tres ripios casi consecutivos, excluyentes el otro del uno y ambos del desenlace, construyendo un tobogán de sorpresas y emociones en los veinte minutos finales de la obra en los que nada termina siendo lo que parecía y ahí está el mayor logro de la propuesta.

Doble o nada, crítica teatral

Una sobria escenografía de Manuel González Gil, que recrea el despacho de Ricardo en el que destacan dos sofás “chester” acoge la propuesta donde hay margen de mejora respecto al sonido general y al particular de la lluvia que cae sobre el exterior de la sede periodística, de manera torrencial, en toda la primera parte del espectáculo.

“La única hormona que diferencia el apetito sexual entre hombres y mujeres es el poder”

cartelMiguel Ángel Solá y Paula Cancio, pareja actual en la vida real, encarnan a Ricardo y Miky, con su habitual solvencia el primero y un punto impostada la segunda, lo cual impacta especialmente en la primera escena, donde lo que se intuye es una relación afectiva entre ambos, por encima del vínculo laboral que en esa fase debía ser lo esencial como punto de partida, por más interés que ambos tuvieran, ya por entonces, en que fraguase aquella.

Doble o nada”, programada en los Teatros Luchana hasta el 28 de octubre, funciona porque su guión está bien construido y mantiene el interés hasta su desenlace final, tiene estructura suspense con toques de critica social y laboral, pero finalmente lo que está en su esencia es la lucha por el poder y eso va más allá del sexo de quien lo ambicione. 

 

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