Delicuescente Eva, crítica teatral

03 Jul 2020

Tres de marzo del año 2020, llego pronto a la función teatral que tengo anotada en mi agenda para este día, es ‘Antropoceno’, en el Teatro de la Abadía; mientras espero sentado en uno de los bancos del jardín exterior a la sala, reconozco a Javier Lara y Carlota Gaviño que charlan cerca de mi, les saludo y felicito por los respectivos últimos trabajos que les he disfrutado, “Sueños y visiones de Rodrigo Rato” y “La Ternura” en el caso de Javier, y “Las canciones” y “Bodas de sangre” en el de Carlota, compartiéndome ambos que están ensayando un nuevo proyecto titulado “Delicuescente Eva” que será estrenado próximamente sobre texto del propio Lara y la dirección de Gaviño, con la participación como interpretes de María Morales, Natalia Huarte y el propio autor. Les deseo lo mejor y me comprometo a volver para verles en él, al tiempo que me despido.Delicuescente Eva

Ciento diecisiete días después, con una pandemia de Coronavirus Covid-19 entre medias y una nueva realidad incorporada a nuestras vidas, sustentada por términos como “confinamiento”, “desescalada” o “pico de la curva” no es en la sala teatral donde presenciamos “Delicuescente Eva” sino a través de ‘streaming’, pero lo más importante es que, de una forma u otra, volvemos a ser, y sentirnos, espectadores, y por tanto, parte, de la experiencia cultural más antigua de la civilización humana: El Teatro.

“¿Cuándo dejamos de jugar?”

El sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman creó el concepto de “modernidad líquida” para expresar como todo aquello que creíamos sólido en los valores de nuestras sociedades se había licuado; y Javier Lara, al completar, con esta obra, su trilogíaLo propio”, tras “Mi pasado en B” y “Scratch” utiliza el adjetivo “delicuescente” respecto al nombre de Eva para asignarle (según la RAE) la propiedad de absorber la humedad del aire hasta formar una disolución acuosa, estableciendo en el relato que se propone una realidad líquida entre la certeza de unos hechos y la fantasía del bosque encantado, o quizás no tanto, en el que se enmarcan.Delicuescente Eva

Las referencias familiares son el nexo de unión de las piezas de esta trilogía de Javier Lara, poniendo el foco primero alrededor de la relación con su padre, luego respecto a su hermano menor y finalmente con su hermana mayor en ésta “Delicuescuente Eva”, lo cual le dota de las características de un sortilegio o una terapia, por encima de las del relato de una historia al uso.

“¡Siempre me juzgas! …¡Siempre me corriges!”

La herida que se presenta, parece seguir sangrando y según lo que el autor reseña pareciera que todos los padres que en el mundo han sido, lo fueron autoritarios, hasta llegar a ejercer la violencia, pero…¿es más ficción o más realidad?, ¿son hechos o solo recuerdos?, ¿las cosas que sucedieron fueron como las recordamos?. Lo cierto es que hay afirmaciones que quedan retumbando en ese bosque: “Los padres están destinados al fracaso con sus hijos, solo estos últimos viven en la novedad del presente que a aquellos se les escapa”, “Todos los intentos de poder con un hijo fracasan”, “Un padre nunca es padre de su época”.

Javier Lara y María Morales

Paola de Diego, responsable del espacio escénico, Iñigo Rodríguez-Claro y Álvaro Guisado Garavito, en la iluminación y José Pablo Polo en la música en directo, crean un bosque mágico que acoge el encuentro de un hombre y una mujer, ella conduce un automóvil que discurre a gran velocidad loma abajo, en medio de curva aparece él con los brazos abiertos y envuelto en llamas. El accidente es inevitable y sus protagonistas, hermanos; entremezclándose realidad y ficción, recuerdos y deseos.

“Los padres están destinados al fracaso con sus hijos, solo éstos últimos viven en la novedad del presente que a aquellos se les escapa”

Carlota Gaviño dirige con acierto un texto no tan fácil de llevar a escena con continuos cambios temporales que, especialmente al inicio, exige un esfuerzo de concentración al público.Natalia Huarte

Las interpretaciones son destacables, con Javier Lara permitiéndose dar vida a su propio personaje interior, mientras María Morales vuelve a demostrar su acreditada solvencia, con Natalia Huarte encargada de aportar las mayores dosis de irrealidad convertida en una especie de hada mágica que se mueve, de forma acertada, dotando a su personaje de una cierta ingravidez.

A reseñar la calidad de imagen y sonido con que se retransmitió el espectáculo en “streaming”, cierto que es técnica, pero no siempre el resultado es tan óptimo.

“Todos los intentos de poder con un hijo fracasan”

Delicuescente EvaDos momentos merecen ser destacados por diferentes razones, la escena de desnudos que escenifica la metáfora de los deseos, sugerente y bella por si misma, en la que sobran las petacas de sonido alrededor del pecho de los actores, máxime cuando comprobamos, en el estupendo monólogo de María Morales (gran punto culmen), arrancándose el micrófono y sistema de sonido, que sus palabras, sin esos medios, llegaban bien y nítidas.

Antropoceno fue la anterior crítica teatral que publiqué en Traslamascara.com, en el mes de marzo de éste año 2020, ya marcado por el Covid-19 y, cuatro meses después, la siguiente es “Delicuescente Eva” estupendamente retransmitida por “streaming” aunque, al margen de ello, nuestro deseo es poder disfrutarla, como todas las que vendrán, desde el patio de butacas de un teatro, porque esa será la mejor prueba de la vuelta a la normalidad (sin ‘nueva’).

 

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