Anfitriones, crítica teatral

16 Sep 2021

Una pareja, Daniela (Inge Martín) y Gustavo (Bruno Ciordia), recibe a otra en su casa, hace tiempo que no se ven. Lo que los invitados, Verónica (Lucía Quintana) y Robert (José Luis Alcobendas), no saben es lo que hay detrás de la invitación de sus anfitriones, porque nada es casual y esa cita tampoco.Anfitriones, crítica teatral

A partir de ese planteamiento inicial, la dramaturgia de la propia Inge Martín, compone una trama que recuerda a “Un dios salvaje”, de Yasmina Reza, o “Sentimental” adaptación cinematográfica de la obra “Los vecinos de arriba” de Cesc Gay.

“Me ha pillado tan de sorpresa, que no se me ha ocurrido ninguna excusa”

Los cuatro personajes protagonistas van desvelando la complejidad de sus rasgos personales, siendo ya muy lejanos a aquellos jóvenes de cuando se conocieron hace más de veinte años. La vida va pasando y no lo hace de forma gratuita, tal como expresa el título del film de Enrique Urbizu, “La vida mancha”.

Daniela es una escritora y autora teatral, que en el momento de la trama tiene en cartelera la obra cuya visión presenciamos, en sugerente juego metateatral, parece frágil pero no lo es, aunque sí está atrapada en un juego de contradicciones. 

“Cuándo vi tu obra me pareció una mierda más”

Gustavo es un exitoso directivo, especializado en la racionalización del gasto en las empresas, lo cual no le impide ser, de puertas hacia fuera, un buenrrollista crónico interesado en todas las iniciativas solidarias y la sostenibilidad. 

Verónica, madre de dos hijos y divorciada, es secretaria en la misma empresa a la que Gustavo presta sus servicios para optimizar sus recursos. ’Instagramer’ compulsiva, llegando a convertir toda su vida en un serial con el que conseguir nuevos seguidores, mediante ‘directos’ realizados sobre su propio día a día, hasta el extremo de que todo lo que sucede en casa de sus anfitriones no será hurtado a sus followers”.

“¿Entonces no sabéis a quién tenéis ahí? …¿vosotros creéis que yo estoy para delinquir?”

Robert es el contrapunto al ‘buenrrollismo’ general que destilan los tres personajes que le acompañan, separado hace tiempo y escritor de relativo éxito, hace gala del ‘cinismo’ como elemento esencial de su propia personalidad, buscando permanentemente subrayar la hipocresía que se esconde tras las buenas intenciones moralistas de la sociedad del momento, frente a la realidad de lo que sucede; juega en esta obra un papel parecido al protagonizado por Christoph Waltz en “Un dios salvaje”.

Anfitriones, crítica teatral

La invitación no es meramente social, y tiene una finalidad tras de sí, consistente en que Verónica y Robert se hagan cargo de las consecuencias del ‘buenismo’ social de sus anfitriones, quienes han decidido llevar hasta su casa a un inmigrante sin papeles’ que tampoco entiende que es lo que está sucediendo a su alrededor, pero al día siguiente llegan los padres de Gustavo, por tanto suegros de Daniela, y Mohamed no puede estar allí para entonces. 

“¿Construimos muros más altos …o mesas más grandes para compartir?”

Robert advierte que la situación puede suponer infringir el delito de ‘retención de personas’ y Verónica expresa que ella no puede asumir compromisos más allá de sus hijas y su trabajo, a partir de ahí se sucederán una cascada de contradicciones sobre la amistad y sus límites, que terminarán por precipitarse en amenazas, ya que Gustavo está valorando la rentabilidad del puesto de trabajo de Verónica en su empresa y la decisión no será neutra ante la necesidad que le genera esta situación.

Pero Verónica se defiende y utiliza su teléfono móvil ante sus seguidores, para dar a conocer las amenazas que está sufriendo por parte de la persona encargada de gestionar los ‘recursos humanos’ de la empresa para la que trabaja …¡que calificativo tan poco apropiado para dirigir personas!.

“¡Estoy harto de verte pedir perdón!”

La necesidad se impone y Gustavo decide llevar a Mohamed a un hotel que no exija datos de sus huéspedes, mañana llegarán sus suegros y volverán a pasar varios años antes de que vuelvan a coincidir con Robert y Verónica. La vida continuará y presentará nuevas posibilidades para que los anfitriones, Daniela y Gustavo, sacien su necesidad de ‘buenrrollismo’ sin que se sienta comprometido su lujoso, y ‘chic’, apartamento de clase acomodada.

Anfitriones, crítica teatral

Inge Martín, también directora del espectáculo, acierta en el ritmo que elige para su puesta en escena, sobre una escenografía de Carlos I. Faura que funciona perfectamente para recrear la trama. Correctas aportaciones de David Nicolás Abad en el diseño de luces y Erica Herrera en el vestuario.

“¡Nos hemos convertido en las peores personas que podríamos llegar a ser!”

Entre las interpretaciones destacan los irónicos y cínicos fogonazos de José Luis Alcobendas al recrear a Robert, frente a la moderación de gestos de Inge Martín (Daniela) y Bruno Ciordia (Gustavo) en expresión de la corrección social de sus personajes, en contrapunto a la hiperactividad de Verónica, adecuadamente interpretada por Lucía Quintana.

Una obra interesante que puede ocurrir en cualquier de los días de nuestra cotidianidad y que como ella, termina por revelarse dura y áspera, terreno en el que las contradicciones terminan por domeñar el aparente ‘buenísimo’ y ‘buenrrollismo’ del que una amplia mayoría social aspira a ser parte, aunque solo sea en la forma. Recomendable espectáculo.

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