Suspenso patatero para Artur Mas

03 Dic 2015

Traigo a mi blog el artículo de Joan Tapia, titulado “Suspenso patatero para Artur Mas”, en el que pone el foco en las consecuencias de las decisiones tomadas por el aún “president” en funciones, más de dos meses después de celebradas las “elecciones plebiscitarias” del ’27-S’, que se aunan a los sintomas de su declive personal, en el que ha arrastrado a su propia formación política, se llame CDC o “Democracia y Llibertat”, que en las proximas elecciones generales del “20-D”, según los sondeos, podría pasar a ser la tercera fuerza política de Cataluña, o quizás la cuarta.

Incluyo link de acceso directo: http://blogs.elconfidencial.com/espana/confidencias-catalanas/2015-12-02/suspenso-patatero-para-artur-mas_1111410/

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Ya he escrito que los resultados del 27-S fueron una ducha de agua fría para Artur Mas y sus tesis del independentismo exprés. Pero desde entonces los síntomas de declive del líder de CDC se acumulan.

El pasado domingo 29, cuando ya llevábamos dos meses y dos días desde las elecciones, una asamblea nacional de la CUP reafirmó en Manresa, por amplia mayoría, el no a la investidura de Artur Mas. Junts Pel Sí, la suma de CDC, ERC e independientes varios, ha reaccionado con vehemencia e indignación, pero con sus 62 diputados se mueve en el árido e inhóspito territorio de la impotencia. Cada día parece más inevitable la repetición de las elecciones a primeros de marzo -cuando se cumpla el plazo reglamentario de dos meses desde la fallida primera votación de investidura-, a no ser que tras las legislativas españolas se produzca un movimiento: o la CUP levanta su veto a Artur Mas, o este decide retirarse y permitir la investidura de otro candidato de JxS que logre el apoyo de la CUP y que forme un Gobierno que tampoco podría tener larga vida. El independentismo parece así, tras el 47,8% de los votos del 27-S, incapaz de gestionar su autoproclamada victoria. En realidad, está topando con su ajustada derrota.Mas a la sombra

Pero las desgracias nunca vienen solas y la encuesta publicada por ‘La Vanguardia’ el pasado domingo muestra un rotundo voto de censura -un suspenso patatero, como diría el hoy desparecido Aznar– tanto a la estrategia del independentismo tras el 27-S como a CDC y a la figura de Artur Mas.

Vamos por partes. Según la citada encuesta -de un instituto nada sospechoso de antinacionalismo, ya que ha trabajado repetidamente para CDC-, el 60,5% de los catalanes, contra el 37,2%, desaprueba la declaración rupturista del Parlamento de Cataluña del pasado 9 de noviembre, que ya provocó gran inquietud en el Gobierno de Artur Mas y una dura nota de repulsa de una organización tan transversal como el Cercle d´Economía. Además, el 54%, contra el 34%, cree que Carme Forcadell -antigua presidenta de la Asamblea Nacional Catalana, recién elegida presidenta del Parlament– no ha sido una buena opción. Debe haber una Cataluña que sintoniza con Carme Forcadell cuando convoca las famosas y multitudinarias manifestaciones del 11-S pero hay mucha más Cataluña que la censura cuando transmutada en presidenta del Parlament finaliza su primer discurso dando vivas a la república catalana independiente.

Peor todavía, el 65% de los encuestados, casi los dos tercios, desaprueba la hoja de ruta de Mas al afirmar que la CUP no debe darle sus votos para permitir su investidura como presidente. La ya famosa reticencia de Mas-Colell -el prestigioso ‘conseller’ de Economía- al pacto con la CUP es refrendada así por una amplia mayoría de catalanes (el 61% contra el 30%), que cree que el ‘president’ ya ha cedido a demasiadas demandas de la CUP. Hay pues una opinión catalana muy mayoritaria contraria al pacto de Artur Mas con la CUP. El propio Miquel Roca Junyent, número dos de CDC durante muchos años y que intenta no adoptar posiciones rotundas, se ha expresado así con firmeza tanto en una entrevista en ‘El Periódico’ el pasado domingo como ayer en su artículo semanal en ‘La Vanguardia’.

Naturalmente, este voto de censura a la hoja de ruta de Mas comporta una fuerte caída tanto de su valoración política como, en menor grado, del independentismo. En efecto, la nota de Artur Mas cae al 3,85, por debajo del cuatro y de la de Miquel Iceta, líder del PSC (4,15), que antes de las elecciones era claramente superado por el ‘president’. Ahora solo los electores de JxS aprueban a Artur Mas. Por otra parte, la estimación de voto de CDC (15,9%) queda por debajo de la de ERC (21,1%) y de Ciutadans (17,9%) en el supuesto de que hubiera nuevas elecciones autonómicas y no se repitiera la candidatura de Junts Pel Sí. En este caso, el total de escaños independentistas (CDC, ERC y la CUP) podría no llegar a los 68 de la mayoría absoluta (en el Parlament actual suman 72, los 62 de JxS más los 10 de la CUP).

Pero el declive de CDC se ve todavía con más rotundidad en la estimación de voto para las legislativas del próximo 20 de diciembre, ya que según la encuesta, Democràcia i Llibertat (el nombre con el que se presenta ahora CDC) sería con un 16% la cuarta fuerza política catalana tras Ciudadanos (17,7%), ERC (17,4%) y PSC (16,5%).

La pregunta clave es si Artur Mas, con una valoración inferior a la de Oriol Junqueras, Alberto Baños y Miquel Iceta y con nueve diputados en las legislativas (siete menos que en 2011), podría volver a presentarse como candidato a la Presidencia de la Generalitat en el mes de marzo -ya sea con las siglas de Junts Pel Sí, de CDC o de Democràcia i Llibertat- si no logra antes, lo que hoy parece harto difícil, el apoyo de la CUP.

Por lo demás, la encuesta de ‘La Vanguardia’ -es inminente la publicación de otra de ‘El Periódico’ que parece que dará resultados bastante similares- indica que se ha iniciado un tímido reflujo del sentimiento independentista en la sociedad catalana. En un hipotético referéndum que, ¡atención, Mariano Rajoy, Pedro Sánchez y Albert Rivera!, apoya el 78% de los catalanes, el no a la independencia se impondría por un 48,7% frente al 45,5%, cuando en el pasado septiembre el margen era todavía menor (45,5% a 45,2%). Además el 55% contra el 41% cree que la independencia no es viable tras los resultados del 27-S, y el 49,1% contra el 40,3% es de la opinión de que habrá margen para dialogar con Madrid tras las elecciones legislativas.

La incuestionable realidad es que aunque el sentimiento independentista haya empezado a inflexionar a la baja, no es nada seguro que en el próximo Parlament -si en marzo se repiten las elecciones- la mayoría absoluta independentista vaya a desaparecer, y menos aún que, en ese caso, surja una mayoría alternativa capaz de formar un Gobierno de distinto signo.

Artur Mas obtiene ahora una desaprobación generalizada de la sociedad catalana, pero la grave crisis de confianza entre Cataluña y España -provocada tanto por el maximalismo de Mas como por el recurso de Rajoy contra el Estatut y todavía más por su incapacidad posterior para reconducir las cosas- está lejos de haber sido superada.

De momento, la mayor parte de Cataluña observa con preocupación o fruición el culebrón de la negociación contra natura entre Artur Mas y la CUP y se prepara para que los dos primeros partidos opuestos a la independencia (Ciutadans y el PSC) ganen por la mínima en votos y escaños a los independentistas de ERC y CDC (perdón, Democràcia i Llibertat) el próximo 20 de diciembre. ¿Qué pasará después?

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