Resultados 20D: reformas o abismo

23 Dic 2015

Traigo a mi blog el articulo de Juan M. Blanco (@BlancoJuanM) titulado “Resultados 20D: reformas o abismo” en el que argumenta que el resultado de las elecciones generales del pasado domingo fueron consecuencia de la ineficiencia, despilfarro y corrupción de quienes han venido adimistrando nuestro país desde 1978, sintoma de la falta de meritocracia absoluta del sistema donde casi nada era relación directa del esfuerzo, sino de las relaciones de cada cual.

Incluyo link de acceso directo: http://vozpopuli.com/blogs/6744-juan-m-blanco-resultados-20d-reformas-o-abismo#/.VnpfFD8RQGw.twitter

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Los resultados electorales del 20D han reflejado una España harta, hastiada de embustes, trampas e injusticias, que vota más a la contra que a favor. Muchos electores han lanzado un aviso, una advertencia de su desasosiego ante tanta ineficiencia, despilfarro y corrupción. Los partidos del régimen han sufrido fuerte castigo pero, al contrario que en la Italia de los 90, no han desaparecido, quizá porque los recambios no resultaban suficientemente sólidos o fiables.

La crisis económica levantó el velo, mostró al gran público algunos de los secretos del sistema, dando lugar a un generalizado cabreo. Ahora resultaba que la tan cacareada igualdad ante la ley era una filfa. Sólo existía como consigna, como elemento propagandístico. Mientras muchos ciudadanos perdían su empleo, y la oportunidad de ganarse la vida, las élites políticas y económicas gozaban de enormes privilegios; quedaba patente que la posición en el sistema socioeconómico no dependía tanto del mérito y el esfuerzo como de las relaciones, del favor del poder.Rajoy_saludando

La triste realidad abría las puertas de par en par a demagogos y vendedores de crecepelo que, aún gritando en contra del sistema, sólo propusieron soluciones que profundizaban en su lógica. Partidos como Podemos, y otros oportunistas subidos al carro, lanzaron la engañosa consigna de ampliación de derechos, es decir, generalización de los privilegios de las élites a infinidad de colectivos. En lugar de avanzar hacia un sistema donde el oligarca fuera tratado igual que el común, y tuviera que competir por las lentejas, la propuesta consistió en cambiar las leyes para que todo quisque pudiera gozar de la vida regalada que caracteriza a las clases dirigentes. Naturalmente se trataba de una patraña, de una utopía irrealizable: por definición, los privilegios sólo pueden ser para unos pocos. Es viable, aunque indeseable, que una minoría viva a costa de la mayoría pero imposible un esquema donde cada cual intenta vivir a costa del resto, de un maná sólo existente en la  imaginación de interesados visionarios. Aquí se encuentra la trampa: las reformas deben retirar barreras, abolir los privilegios; no generalizarlos hasta desfondar el sistema.

La manipulación de las encuestas

La gran influencia electoral de los medios, especialmente televisiones, se ha revelado de forma muy notable en los últimos tiempos. Los caminos de la manipulación son múltiples e insondables pero hay uno insuficientemente mencionado: las encuestas electorales adulteradas. Ante la imposibilidad de obtener toda la información relevante, el votante recurre a reglas heurísticas, procedimientos prácticos intuitivos, para escoger su papeleta. Y una de estas reglas es la percepción de lo que decidirán los demás; el voto útil, el caballo ganador. Que UPyD fuera desplazada por un recién llegado a la política nacional, como Ciudadanos, fue obra de las colosales meteduras de pata de Rosa Díez, por supuesto, pero también de una planeada táctica que comenzó por cocinar ciertas encuestas de intención de voto para situar al partido de Albert Rivera en unos niveles de popularidad muy superiores a los reales. A partir de ahí, la profecía se cumple a sí misma.

Una opinión pública devastada durante décadas, carente de criterios asentados, deja demasiados flancos descubiertos a la manipulación mediática. Pero, a la vista de los bandazos, se diría que quienes mueven los hilos son unos tarugos, unos miopes con reflejos pavlovianos que dan palos de ciego sin estrategia de largo plazo. Las élites económicas, carentes de principios, tratan de mantener el statu quo sin saber muy bien cuál es la mejor vía para lograrlo. Y, en correspondencia, sus correas mediáticas responden de manera caótica, girando bruscamente el timón cuando el público menos lo espera.

El resultado en tablas a cuatro del 20D generará un bloqueo inusual en la política española, un agotamiento definitivo de las maniobras típicas del régimen. La novedad es que ahora se encuentra prácticamente obturado el canal que utilizaban las cúpulas de los partidos para obtener la investidura en ausencia de mayoría absoluta: comprar los apoyos restantes a los nacionalistas con nuevos traspasos de competencias. El régimen está agotado porque ya no hay nada que ofrecer a la antigua Convergencia o a Esquerra. Ello no quiere decir que no pese la inercia, la fuerza de la costumbre, que Mariano Rajoy o Pedro Sánchez no lo vayan a sondear, quizá proponiendo a los secesionistas catalanes una cuasi independencia, de facto, por la puerta de atrás. Las maniobras desesperadas de los líderes para mantener su posición pueden conducir a un peligroso juego al borde del abismo.

La imprescindible catarsis

La única salida al impasse actual, aparte de la inútil repetición de las elecciones, consiste en un acuerdo entre las grandes formaciones, al que pueden sumarse otros, para superar el statu quo actual, para descolgar esa permanente espada de Damocles que impone el carácter cerrado, de acceso restringido, del régimen. Ello requeriría una completa catarsis en los partidos tradicionales, la superación de sus actuales liderazgos, una apertura de miras a los intereses de España, rebasando los meramente particulares. Un pacto para formar gobierno con el inequívoco objetivo de acometer las imprescindibles reformas que Mariano Rajoy dejó arrinconadas en 2012, propiciando la descomposición definitiva del régimen del 78.

Deben acordar una radical transformación que, en lugar de establecer más subvenciones y prebendas, de convertir al ciudadano en sujeto infantil, dependiente del favor del poder, refuerce la responsabilidad individual, elimine las barreras que protegen a las élites, a los grupos privilegiados, abra oportunidades retirando esas trabas que impiden a la gente ganarse la vida dignamente. Y pactar una nueva Constitución que fomente el juego de contrapoderes y el control mutuo. Que promueva una relación directa entre representante y representado, reduciendo el poder de los partidos, sin descartar un sistema presidencialista en el más puro estilo americano. Una Carta Magna que racionalice de una vez ese caos de clientelismo, caciquismo y corrupción donde ha desembocado el Estado de las Autonomías.

El paso no es sencillo pues los partidos convencionales se han convertido en eriales, en nidos de pelotas y correveidiles, personajes refractarios a cualquier cambio que recorte sus prebendas. Pero, a la fuerza ahorcan, y el verdugo sube ya con determinación los escalones del patíbulo.

Tengan todos una feliz Navidad.

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