Olivia y Eugenio

16 Nov 2014

La llegada al Teatro Bellas Artes, de Madrid, del texto del escritor peruano Herbert Morote nos posibilita disfrutar de la reaparición en escena de Concha Velasco, tras haber tenido que interrumpir las representaciones de Hécuba para enfrentarse a uno de los papeles más complicados de su vida y dar la cara para recuperar su salud.

En “Olivia y Eugenio” una madre y su hijo, se enfrentan a las cuestiones de la vida de toda persona: la pareja, los hijos, el paso del tiempo, la enfermedad, la verdad, la mentira, el alcoholismo, las infidelidades, la soledad, …y la normalidad, ¿qué es la normalidad?, ¿es normal la corrupción?, ¿es normal la crisis económica?, ¿es normal la violencia?, ¿hay normalidad en los abusos?… el desarrollo de la obra discurre en la conversación en la que el personaje de Olivia, va desgranando varios monólogos, muy conseguidos por parte de Concha Velasco, que el personaje de Eugenio, un joven con síndrome de Down (representado alternativamente por Rodrigo Raimondi y Hugo Aritmendiz), va parafraseando de una forma notable y muy fresca.

La dirección corre a cargo de José Carlos Plaza que logra un resultado correcto, intentando evitar los perfiles más trágicos, en la búsqueda de trasladar un mensaje de bondad y optimismo. El decorado es fijo durante toda la obra, representando el salón comedor de la casa, con cuatro puertas pintadas en blanco, que marcan los espacios; en cuanto al movimiento de escena nos llamó la atención qué el personaje de Eugenio se siente de espaldas al público en la mesa de comedor, cuando hay cuatro sitios disponibles, dos laterales y uno frontal, no llegando a comprender cuál es la razón de ello.

Con esta Olivia recuperamos esa magnífica expresividad de la que disfrutamos en el personaje de Hécuba, la mirada televisiva de Santa Teresa de Ávila, la versatilidad del personaje protagonista de “Hello, Dolly”, el dominio de escena de “Madame Rose” en “La vida por delante” y todos aquellos personajes a través de los cuales Concha Velasco nos ha demostrado la magnífica actriz que es, ¡bienvenida de nuevo! …nuestros teatros, nuestras tablas, nuestras bambalinas, nuestros telones y su público… estamos de enhorabuena.

En el final de la obra la emoción va inundándolo todo, la ficción deja espacio a la realidad y conviene dejarse llevar por ello y participar en esa catarsis …¡háganme caso!.

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