Mrs. Dalloway, crítica teatral

14 May 2019

 

Mrs. Dalloway, crítica teatralTreinta y ocho días de programación en el Teatro Español, del 28 de marzo al 5 de mayo, acompañados hasta el final del cartel de entradas agotadas, hablan del excelente acogimiento, además de expectación, dispensado por el público al espectáculo teatral exhibido bajo el título del conocido texto de Virginia Wolf, en versión de Michael De Cock, Anna Maria Ricart y Carme Portaceli, dirigida por ésta última, en el teatro que comanda y gestiona actualmente; en cuyo atractivo no era baladí, sino todo lo contrario, la interpretación de la estupenda Blanca Portillo.

Y efectivamente hay una más que destacada actuación de quién, sin duda, es una de las grandes actrices teatrales del momento en España, pero ahí se acaban las buenas noticias en este espectáculo. Cuya prueba definitiva fueron los saludos con tibios aplausos con que se coronó cada de unas de sus representaciones, más allá de las adhesiones incondicionales de los previamente convencidos.

“La señora Dalloway dijo que ella misma compraría las flores”

La adaptación realizada por el triunvirato De Cock, Ricart y Portaceli, opta por utilizar solo una parte del texto original de Virginia Wolf, desubicándolo temporalmente de las referencias entre las que fue escrito, especialmente el marco a la guerra mundial, el ‘victorianismo’, sus formas y el aire opresivo de sus rígidas convenciones, haciendo un trueque con el personaje original, y esencial en la historia escrita por Wolf, de Septimus, un soldado roto por su depresión vinculada a la guerra, que aquí es reconvertido en Angélica, una escritora que solo se consigue evadir de su obsesión suicida, cuando, con una estilográfica en la mano, se enfrenta a un folio en blanco, como mejor antidepresivo. Mrs. Dalloway, crítica teatral

Ese marco temporal roto, aún dotado de aires contemporáneos como los whatsapp’s, los teléfonos móviles y los temas musicales que se interpretan en directo, por actores capaces de hacerlo, como Jordi Collet, Manolo Solo y Anna Moliner, termina por condicionar el interés de lo que se mantiene de la trama, haciendo que el personaje de Mrs. Dalloway parezca reducido a una sucesión de monólogos, entre los cuales solo interactúa con quienes protagonizaron sus relaciones afectivas en el pasado, Peter (Manolo Solo) y Sally (Inma Cuevas), en formato de “flashbacks”, a las que vuelve permanentemente en su recuerdo, aunque sus preocupaciones sigan centradas en comprar flores para la fiesta que tiene al final de ese día en el que transcurre la trama, …hora a hora, con un ritmo más que lento, lánguido.

“¡Si pudiera vivir mi vida otra vez!”

A pesar del resultado, la producción es lujosa, con una escenografía de Anna Alcubierre que utiliza toda la disponibilidad de espacio de la caja escénica del Teatro Español, aunque hay elementos que no terminan de ser visibles para el público (piano, bateria, etc…), con su efecto más logrado en el telón de gasa y unas cortinas de tiras colgantes que sirven para ir recortando la profundidad de la escena, según el momento, recibiendo sobre él las proyecciones realizadas por Miguel Ángel Raió. Con buenas aportaciones de David Picazo, en la iluminación, y de Antonio Belart, en el diseño de vestuario.Mrs. Dalloway, crítica teatral

Blanca Portillo sale indemne de su interpretación, siempre sobria y segura, moviéndose con soltura por el escenario, administrando muy bien sus recursos (su sonrisa, su naturalidad, etc…) y bien dotada tanto para la comedia, como para el drama. Consiguiendo el momento más destacable cuando, Clarissa Dalloway, para dar la bienvenida a los invitados a su fiesta, avanzaMrs. Dalloway, crítica teatral hasta el patio de butacas, convirtiéndose en nuestra perfecta anfitriona. Inma Cuevas hace un muy buen trabajo con el personaje de Sally, sobresaliendo, junto a la actriz protagonista, sobre el resto del elenco.

“Yo nunca hablo de locura …sino de falta de medida de la proporción”

La programación de esta temporada en el Teatro Español deparaba uno de sus puntos culminantes con este espectáculo y el resultado ha estado lejos de las expectativas, todo un desencanto del que su máxima responsable no es ajena (versión y dirección). 

Un gran esfuerzo para tan nimio resultado, pero siempre nos quedará el recuerdo del deleite de ver a Blanca Portillo sobre la escena, algo es algo.

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