Misántropo

08 Ago 2014

Mi padre me inoculó el gen de la afición al teatro, él llegó a trabajar con Tamayo, Amengual, Chapete y los hermanos Burgos, entre otros, siempre solía decir que la vida real no es otra cosa que un escenario y que hay que tener una visión capaz de entender el espectáculo en su conjunto, más allá del personaje que representas.

Una de las cosas que más me une a la ciudad de Madrid, es disfrutar de su amplia cartelera teatral, este año la obra que más me ha llenado ha sido “Misántropo” y coincido con la opinión del jurado que le ha concedido el premio CERES al mejor espectáculo de la temporada. La puesta en escena es acertada, la actualización de la obra trayéndola hasta ese callejón en la puerta trasera de una discoteca está muy bien elegida, la entrada y salida de personajes se hace manteniendo el hilo de la obra con una muy buena dirección de Miguel del Arco y las interpretaciones son muy sólidas, especialmente brillante en el caso del “Alcestes” protagonizado por Israel Elejalde, soberbio en el primer acto de la obra.

El misántropo representado por Alcestes defiende la verdad, anhela vivir en ella, busca la honestidad y la sinceridad, dice siempre lo que piensa, aun entrando en conflictos por ello, ¿se puede decir que le falta empatía social?, pero tiene un ideal: su integridad por defender la verdad, en una lucha hasta el extremo de poder perderlo todo por ello.

La obra resulta de una actualidad notable en estos tiempos en los que tanta importancia se da a la llamada “inteligencia emocional”, invitándonos a reflexionar: ¿merece la pena buscar la verdad objetiva cuando su esencia áspera y dura puede desbaratar nuestra imperiosa necesidad de confort y placer?, ¿no es mejor callar, disimular, y sonreír, que ser el “raro” y el “complejo” de nuestro entorno?, ¿qué debemos priorizar decir, hacer y defender, lo que pensamos o lo que se espera que digamos, hagamos o defendamos según el momento social?, a pesar de todo ello Alcestes opta por defender la verdad, al menos “su verdad”.

Es muy interesante ver a ese misántropo que libremente eligió serlo, caer en las redes de su propia empatía emocional hacia el personaje de “Celímena”, sobre todo porque la misantropía es un reconocimiento del fracaso humano en sus predicados de amor, solidaridad y comunicación, pero “Alcestes” lucha por superarlo.

Teatro, la vida es puro teatro, en esta obra se cumple sobradamente con esa afirmación y, con el telón bajado, tras aplaudir a sus protagonistas e intérpretes con tanto entusiasmo cómo el que ellos han puesto sobre las tablas, seguimos paladeando la reflexión a la que nos ha enfrentado la obra y su adaptación. Muy recomendable.

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