Madre coraje y sus hijos, crítica teatral

10 Oct 2019

 

Madre coraje y sus hijos, crítica teatralTocan tiempos de renovación al frente de las grandes compañías teatrales públicas, Helena Pimenta deja la CNTC en manos de Lluis Homar y como despedida ofreció una bella versión de “La vida es sueño” de Calderón de la Barca, Natalia Menéndez coge el testigo de Carme Portaceli en el Teatro Español, de Madrid, y ahora es Ernesto Caballero quien, para su despedida del Centro Dramático Nacional, antes de ser sucedido por Alfredo Sanzol, ha elegido “Madre coraje y sus hijos”, de Bertolt Brecht, para ser representado en el Teatro María Guerrero.

“Para la gente corriente nos salen igual de caras las victorias, en las guerras, que las derrotas”

Brecht construyó este texto como un alegato pacifista, durante su exilio voluntario en la isla sueca de Linding, en 1939, en oposición a Hitler y sus tesis belicistas, desarrollando una trama en la que se ponía el foco en la esencia de la guerra como coartada a los beneficios comerciales que se movían en torno a ella, mientras cientos de miles de ciudadanos morían y otros tantos perdían su poca hacienda.

El personaje de ‘Madre Coraje’ busca sobrevivir, sacar a su ‘prole’ adelante, a base de hacer negocio con cualquier bando en combate, sean católicos o protestantes, de un país o de otro, bajo cualquier bandera, o pabellón, siempre que paguen en efectivo y en el momento, con expresiones que van retumbando con mayor estruendo que las bombas que escupen los cañones o las ráfagas de metralla que vienen de allá y de acullá…”¡sin guerra no hay orden!”, «¡La guerra es un negocio …y no se nos está dando mal!”, “¡con un poco de suerte saldremos ganando!”, “¡La humanidad degenera con la paz!”. “Las victorias y las derrotas de los poderosos y de los de abajo no son siempre las mismas, incluso hay veces que las derrotas son ganancias para los de abajo” …”¡No dejaré que me habléis mal de la guerra!”.Madre coraje y sus hijos, crítica teatral

“¡No dejaré que me habléis mal de la guerra!”

La aproximación que realiza Ernesto Caballero del texto de Bertolt Brecht, con traducción de Miguel Sáenz, queda teñida de unos aires contemporáneos con una estética y vestuario (de Gabriela Salaverri) más cercana a nuestros días que a los tiempos de la Guerra de los Treinta Años que enmarca la trama, aunque los momentos históricos, las fechas y los principales hitos que se suceden son recordados al público en una gran pantalla situada en el fondo de la escena, cuya forma de componer las palabras recuerda a como lo hacían los viejos ordenadores “spectrum”, aunque aquí se trate de luces “Led”.

La dirección de Caballero es sobria, apoyada en una escenografía muy asceta de Paco Azorín, eficaz pero sencilla, cuyo único elemento destacable es el carro del que tiran los hijos de “Madre Coraje” antes de que lo haga ella misma, dejando visible todo el espacio de la caja escénica del María Guerrero, apoyada en una potente iluminación de la que se hacen responsables, a la par, escenógrafo y director, quienes utilizan el recurso de colocar focos situados por debajo del suelo de escena, haciendo pasar su luz por rejillas, consiguiendo unos efectos que acentúan la carga dramática en determinados momentos.

Madre coraje y sus hijos, crítica teatral

“Es bendición que no puedas hablar …¡así no te contradices!”

Buenas aportaciones de Luis Miguel Cobo, desde el espacio sonoro y la composición musical de Paul Dessau, de la que participan, interpretándola, la gran mayoría de los personajes, si bien destaca de manera especial Paula Iwasaki, cantando bellamente sobre unos sugerentes zapatos rojos de altos tacones, que encarnarán los sueños del personaje de Katrin, la hija muda de Ana Fierling, interpretada por la actriz sorda Ángela Ibáñez, quien tiene un desempeño magnífico, que conmueve.Madre coraje y sus hijos, crítica teatral

Blanca Portillo ha incorporado a un nuevo personaje a su galería teatral para el recuerdo, tras Segismundo o su monólogo en «El testamento de María”, ahora como “Madre Coraje”, emociona en su escena final, situada en el proscenio, tirando del carro del que antes tiraron sus hijos, con toda la potente iluminación sobre si y concentrando las miradas del público, pasando del afligimiento a la más potente determinación, mientras declama: …espero poder tirar yo sola del carro…¡Sí, podré!¡hay que continuar con el negocio!. 

“Pérdidas es lo único que traen vuestras victorias”

La Portillo lidera un amplio y reconocido elenco, en el que además de las ya mencionadas Paula Iwasaki y Ángela Ibañez, Jorge Usón (predicador), Paco Déniz (cocinero), Bruno Ciordia (sargento protestante), Jorge Kent (reclutador), Janfri Topera (capitán), Samuel Viyuela (Eilif), Ignacio Jiménez (Caradequeso), Raquel Cordero (campesina) y David Blanco (soldado), consiguen un sólido desempeño actoral coral.Madre coraje y sus hijos, crítica teatral

Oportuna esta revisión del texto de Bertolt Brecht, de “Madre Coraje y sus hijos”, exponente del desastre que suponen las guerras que, en toda la historia de la humanidad, nunca llegan a acabar, convirtiendo en una gran metáfora para hombres y mujeres, para el ser humano en su esencia, el hecho de que nunca en la historia de la humanidad hubo un momento, un día, un periodo… en el que en algún lugar del mundo no hubiera guerras, quizás porque ellas, y quienes se parapetan tras ellas, son quienes nunca llegan a morir, aunque hoy las balas y los proyectiles se hayan travestido de las consecuencias de las crisis económicas y de las batallas comerciales.

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