Los escaños acorazados

21 Abr 2016

Traigo a mi blog el artículo de Raúl del Pozo (@rauldelpozoem), “Los escaños acorazados”, en el que pone el foco en la excesivas prebendas de las gozan los más de 10.000 aforados que en España hay, que en una situación como la que vivimos en estos momentos, en la que nuestra actualidad política se parece tanto a la Tangentópolis de Scalfari. Nada justifica que la acción de la justicia hoy tenga que discriminar en función del sujeto de su acción, ¿por qué los políticos han de tener más derechos que los que les pagan el sueldo?.

Incluyo link de acceso directo: http://www.elmundo.es/opinion/2016/04/18/5713c145268e3e81178b45b3.html

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Los papeles de Panamá, la caída de Soria, la segunda cárcel de Mario Conde, la detención de los justicieros-chantajistas, los juicios de sesión continua, el patio del trullo que empieza a parecer el patio del Congreso y toda la eclosión de chapas y puñetas nos recuerdan aquella definición de la Tangentópolis de Scalfari: “Una pandilla de ladrones se ha apoderado de la República”.

Aquí, como en aquella Italia, los partidos políticos han ocupado el Estado, la Judicatura, el Ministerio del Interior, las fiscalías, las televisiones, las universidades y los hospitales, y los han saqueado. Ni las mareas ni la gente: los partidos viejos y nuevos. Y ahora descubrimos que todos los poncios y mandones que se comen el marrón se parecen en que se acorazan en sus escaños. Sus siglas siguen, al contrario que en Italia, donde desaparecieron cuatro partidos.

Hay un millar de políticos procesados y, a pesar de tantos entalegamientos, somos la democracia con mayor número de aforados del mundo: 10.000, por lo menos. Durante esta etapa de sirenas y pulseras, se ha confirmado el desdichado y demagógico proverbio: el fuero, para el gerifalte; la trena, para el desharrapado que roba pan. Como en los tiempos del oro y el imperio, el hampa y el poder han vuelto a ser socios. Dice el Senado -sigue existiendo- que ha puesto en marcha una comisión para estudiar los límites del aforamiento, ese privilegio medieval. El pleno abordará el asunto el próximo martes, en una sesión a la que seguramente asistirá Rita Barberá, que se agarra al fuero como las lapas a las peñas.

Fue Albert Rivera el que dijo que los aforamientos no tienen sentido en el siglo XXI y que los cargos públicos deben ser juzgados como los demás españoles. Hubo momentos en los que había que proteger la libertad de los diputados del odio y de sus enemigos, y fue la Asamblea francesa la que declaró a cada diputado inviolable, aunque luego muchos de ellos terminaron en la guillotina. A estas alturas, la gente se pregunta: “¿Por qué los políticos han de tener más derechos que los que les pagan el sueldo? ¿Por qué ese privilegio que no sólo alcanza a los padres de la patria, sino a los patricidas de algunas autonomías?”.Parlamento

Esa patente de bucanero viene de cuando los reyes y sus ministros se cantoneaban como gallos. “El rey es mi gallo”, dice Sancho. Ni Salomón en su serrallo puede compararse con un gallo en su corral, el tótem del poder, símbolo de la monarquía francesa. Luego, el rey acabó como el gallo de Morón y surgieron miles de gallos.

Borges escribe sobre el deslumbramiento y el vértigo que provocó Hojas de Hierba, el ideal de la atlética democracia americana. Whitman cantó a la epopeya de la democracia, un hecho nuevo que no necesitaba ni héroes legendarios ni intocables ni gallos ni personaje central –Ulises, El Cid, Cristo– cuya estatura fuera superior a la de los otros. Esa primacía de los protagonistas debía ser abolida y también sus fueros y prerrogativas por algo muy sencillo: todos los ciudadanos son iguales ante la ley.

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