La envidia

10 Abr 2018

Alfredo era un empleado comprometido, le gustaba su trabajo, recibía con cierta frecuencia felicitaciones por sus logros, era de los más reconocidos por sus propios compañeros, sin embargo, a pesar de llevar muchos años como un mando intermedio en su empresa, con merecida fama de buen gestor de recurLa envidiasos humanos, no conseguía ser nominado para los puestos de mayor responsabilidadque todo el mundo daba por hecho que, antes o después, conseguiría.

Alfredo vió como Miguel, Alejandro, Maite, Esperanza …e incluso Roberto, con carreras profesionales mucho más limitadas que la suya y menor experiencia, siendo cada uno de ellos más joven que el anterior, sí conseguían aquello que él anhelabay creía merecer, lo cual generó, en su interior, una herida que terminó por hacerse callo.

“Nuestra envidia dura siempre más que la dicha de aquellos que envidiamos”. (Françoise de la Rochefoucauld)

Roberto, en poco más de ocho años,había conseguido ser designado para el puesto que Alfredo optaba desde antes que Roberto fuera un inexperto recién llegado a la empresa. Era un prometedor ejecutivo,bien vistopor sus superiores por su fervoroso alineamiento, que aunque tan solo estaba en el inicio de su carrera profesional, el futuro parecía abrirseLa envidiaante él, sin embargo, íntimamente, sentía envidia de Alfredo, de su forma de hablar, de su criterio, de su independencia y del reconocimiento que su voz tenía entre sus similares y sus dependientes. Él había conseguido lo que, desde hacia tiempo perseguía Alfredo, sin alcanzarlo, pero aún así, envidiaba el desempeño de aquel.

La metáfora de éste caso, es que después de que Miguel, Alejandro, Maite y Esperanza, en momentos temporales diferentes, pero consecutivos, hubieran conseguido lo que se le negaba a Alfredo, éste descubrió, que su herida interior había revelado su causa: había llegado a sentir envidia de Roberto, sin poderse imaginar que esaLa envidiamisma emoción es la que sentía éste respecto a él. Ambos eran sujetos activos y pasivos de envidia entre sí.

La envidia es un sentimiento tan incómodo que, de forma frecuente, no reconocemos en nosotros mismos: ¿sentir envidia yo?, ¿de quien? …¡en absoluto!, ¡nunca!, ¿por qué tendría que envidiar yo a esa persona?.

En el mejor de los casos es habitual oír la expresión de “envidia sana” respecto a lo conseguido por otras determinadas personas, bien por éxito profesional, patrimonial, deportivo e, incluso, afectivo.

“La envidia es inseparable de la felicidad.” (Erasmo de Rotterdam)

Sentir cualesquiera emoción, y la envidia lo es, no es reprobable en si mismo, igual puede suceder con la ira o el odio; lo reprochable estará en los comportamientos que emprendamos a partir de ella.La envidia

Piensa en algún episodio reciente que te haya hecho saltar la envidia dentro de tí, quizás al reencontrarte con aquel compañero del colegio, que no parecía demasiado brillante pero heredó el negocio de su padre y supo reconvertir aquellos dos restaurantes en una franquicia de “fast food” (comida rápida), ó con la capacidad de hacer cosas de aquel otro que además de triunfante en su trabajo, saca tiempo para ser triatleta y ser reconocido por su personalidad arrolladora.

Cuando ello sucede, cuando la envidia aparece, el primer paso es reconocerlo; para a continuación extraer los mensajes positivos que esa emoción tiene, sin dejar que te domine.

“La envidia es una declaración de inferioridad.” (Napoleón)

Si experimentas la emoción de la envidia, sana o no, sobre, por ejemplo, los logros deportivos de alguna persona, sé consciente del esfuerzo que hay detrás de aquello que envidias, con sus horas de entrenamiento y las renuncias a hacer otras cosas para liberar el tiempo necesario para realizarlo, la constancia de un plan para conseguirlo: dieta alimenticia, seguLa envidiaimiento médico, fisioterapia, podología, etc…

Lo mismo podría ocurrir sobre conseguir ciertos estudios o ser capaz de hablar varios idiomas, nada es gratis ni se alcanza con una varita mágica; si realmente esos logros los quieres para tí, ponte a ello, pero para cruzar una meta, antes debes realizar todo el recorrido de la carrera, e incluso los preparativos necesarios antes de situarte en la línea de salida.

“En los campos ajenos la cosecha es, siempre, más abundante”. (Ovidio)

La envidiaPero por otro lado,tampoco reacciones ante cualquier signo externo que puedas observar en determinada persona, puede ser la compra de determinada vivienda, un coche de gran cilindrada o cualquiera otro bien material. Tú ves ese signo, pero no sabes lo que hay detrás de ello, no conoces la contrapartida. En un mundo como el actual en el que las redes sociales son usadas, en ocasiones, para trasladar imágenes de aparente felicidad y alegría, que muchas veces son poses, debes relativizar el aparente bienestarde los demás y concentrarte en el tuyo propio.

Por raro que te parezca, la emoción de la envidia también te puede ser útil para producir cambios en ti, identificando un modelo hacia el que evolucionar, por ejemplo, la idea de perder algo de peso ante los resultados de una dieta alimenticia en otra persona, pero más allá de expresar ese deseo, debes convertirlo en visión y de ahí, en objetivo.

La envidia puede esconder un cierto regalo dentro de sLa envidiai.

La envidia puede esconder un cierto regalo dentro de sí, casi un tesoro, indicándonos que algo nos falta; ser consciente de ello, visibilizarlo ybajarlo al terreno de la acción, será el reto, porque si únicamente envidias, sin actuar, solo conseguirás vivir sumergido en el resentimiento.

Artículo publicado en @elespanolcom el 10/04/2018: https://www.elespanol.com/blog_del_suscriptor/opinion/20180409/envidia/298540148_7.html

 

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Comentarios

  1. Pedro Cano dice: abril 12, 2018 at 12:57 pm

    Realmente ajustada la descripción. Personalmente, entiendo que cuando hablamos de “envidia sana” nos estamos incorporando al campo de la hipocresía; creo que la envidia nunca es sana pero tampoco reprobable.
    En una jornada como la de hoy y aunque muchas personas no se identifiquen con mi siguiente comentario por centrarse en una rivalidad deportiva, no quiero omitir que percibo sensación de envidia en las abundantes corrientes antimadridistas (fundamentalmente mediáticas) que, como helicópteros vigilantes, planean en nuestro día a día.
    Hoy es la polémica del penalty/no penalty; otras veces lo del gesto de Fulano o el currículo de Mengano. Siempre seguirá y además, creo que no es malo pues no daña.

    • Gracias, Pedro, por tu nuevo comentario, participando en esta web de http://www.traslamascara.com. Perdona que haya tardado varios días en contestar al mismo, pero he tenido que superar algunos problemas que han llegado hasta aquí vía telemática, que ya parecen superados. Espero seguir contando con tu interés y apoyo para los contenidos que comparto. Un fuerte abrazo.

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