Enemiga íntima

09 Mar 2015

El débil Rey llevaba años rumiando su venganza, no había logrado olvidar la traición de aquella marquesa, miembro de su propia corte, noble sólo de sangre; hace siete años de aquello, más de dos mil quinientos días, con sus dos mil quinientas noches, pero ahora, por fin, la jugada parece perfecta, su dedo magnánimo ha señalado a su “íntima enemiga” para defender el honor de su reino ante la invasión de los bárbaros y cualquier final para esa batalla reconfortará al débil Rey, si ella sale victoriosa en su misión, será “premiada” con la gobernanza de un territorio, pero con la condición de abandonar su puesto en la corte, si cae derrotada habrá perdido su aceptación popular y, poco a poco, se diluirán sus ambiciones sucesorias, pero el corazón del débil Rey se acelera al imaginar otra posibilidad: que la marquesa caiga en el campo de batalla, sus seguidores tendrían un nuevo mito para sus recuerdos y él, por fín, habrá perdido a su “enemiga íntima”.

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