Encuéntrese, señor Presidente

13 Jun 2015

Traigo a mi blog el articulo escrito por José Antonio Zarzalejos (@jazarzalejos) en @elconfidencial, “Encuéntrese, señor Presidente”, en el cual le recomienda acudir a recibir “coaching” como herramienta para adquirir las habilidades emocionales que le permitan ponerse en los zapatos de los ciudadanos padres de familia, y en sus hijos, que, después de estudiar y prepararse, y mientras el PIB crece casi un 3% y los beneficios empresariales un 28, siguen viviendo en la casa familiar porque con 800 euros de sueldo –y pese a trabajar 11 o 12 horas diarias- no pueden diseñarse un proyecto de vida y, mucho menos, profesional. De recomendable lectura.

Incluyo link de acceso directo: http://blogs.elconfidencial.com/espana/notebook/2015-06-13/encuentrese-senor-presidente_881686/

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En noviembre de 2011 más de 10.800.000 españoles apoyaron en las urnas al Partido Popular y le otorgaron una amplia mayoría absoluta para que gestionase la crisis económica y ajustase el sistema político. En menos de cuatro años, y mediando elecciones europeas (mayo de 2014) y municipales y autonómicas (2015), el Partido Popular se ha quedado con un electorado ligeramente superior a 6.000.000. O sea, ha perdido nada menos que 4.800.000 votos. Se encuentra usted, a poco más de cinco meses de las elecciones generales, en la tesitura de hacer caso a Baltasar Gracián que aconsejaba “poner un gramo de audacia en todo lo que hagas”.Rajoy_coaching

Cuando parece ya inminente el anuncio de sus decisiones de cambio en el Gobierno y en el partido, sus declaraciones siguen generando confusión. El día 25 de mayo negó que fuera a acometer alteración alguna; luego, rectificó y estos días en Bruselas ha dicho una cosa y su contraria. Por una parte ha reconocido que “tendré que hacer cambios” y, por otra ha matizado que “yo no he generado expectativas”. Sí lo ha hecho, señor Presidente, y si supone que no ha sido así, mal vamos porque su obligación consiste, precisamente, en generar expectativas y cumplirlas.

Existe una buena razón para ello: recuperar electorado popular que, pese a las deprimentes historias de corrupción en su partido, pese al incumplimiento palmario del programa que votaron esos más de diez millones y medio de españoles, pese a la política fiscal que ha castigado a las clases media -su electorado, señor Rajoy-, pese a la amnistía fiscal, pese a todo ello, al menos dos millones de los que en noviembre de 2011 le entregaron su voto siguen esperando en su casa a poder repetirlo en las próximas generales. Y con ocho millones de sufragios, el PP ganaría los comicios y, aun con dificultades, hasta podría volver a gobernar.

Todo depende de que dispare usted certeramente -y dé en la diana- la última bala que le queda en el tambor de su revólver político. Si opta usted por “chapa y pintura” provocará una decepción adicional de la que el PP no se recuperará. La cosmética está reñida con la realidad. El maquillaje propicia un embellecimiento pasajero, episódico y, además, se marchita. El gatopartidismo de Giuseppe Tomasi de Lampedusa -cambiar para que nada cambie- es un lujo que usted, presidente, no puede permitirse.

No es cierto que tenga usted un margen de tiempo tan limitado que le impida hacer una ciaboga en plena navegación. La política se comporta a veces como los maratones en los que hay que esprintar pese a que se hayan corrido previamente cuarenta kilómetros. Puede ganar en esos últimos metros retirando a ministros quemados cuya mera aparición en público provoca reflejos de ansiedad similares a las sensaciones que experimentaban los perros de Pavlov y puede mejorar mucho si en Génova busca a algunos que combinen adecuadamente el talento con la oratoria y la telegenia. Búsquese también, señor presidente, speech writers que mejoren la calidad de sus discursos y, además, le amplíen las temáticas que usted aborda desencallando sus mantras de porcentajes y estadísticas. Búsquese “negros” que, además de redactar bien, pisen calle y no sólo moqueta para que le midan la diferencia entre aquella y ésta.

En cuanto pueda, señor Rajoy, haga usted coaching para adquirir habilidades emocionales que le permitan ponerse en los zapatos de los ciudadanos padres de familia y en sus hijos que, después de estudiar y prepararse, y mientras el PIB crece casi un 3% y los beneficios empresariales un 28, siguen viviendo en la casa familiar porque con 800 euros de sueldo –y pese a trabajar 11 o 12 horas diarias- no pueden diseñarse un proyecto de vida y, mucho menos, profesional. Haga visitas a los barrios de las ciudades y de los pueblos para comprobar cómo están de deteriorados desde el medio ambiente hasta las infraestructuras sanitarias y educativas; reciba, como hace el Rey, a organizaciones sociales que mantienen comedores sociales, refugios para indigentes y asilos para ancianos con pensiones de 300 euros.

No crea, señor presidente, que todo esto es demagogia izquierdista porque quien lo escribe es un votante moderado al que Rodríguez Zapatero erizó los cabellos por la misma razón que usted le provoca igual reacción: el escapismo de la realidad, la huida ante los problemas y su banalización. Usted no sólo no ha cambiado prácticamente nada de lo que dejó hecho el presidente socialista sino que, en muchos aspectos, ha caminado por el mismo sendero. Bifúrquese a la próxima oportunidad -esta que tiene ahora a mano- y no lleve a la derecha española a los niveles de postración a los que condujo el leonés-vallisoletano al PSOE que desde su gestión no levanta cabeza.

Háganos, señor presidente, una representación política que se corresponda a los westerns de John Ford y no a los remedos de Sergio Leone. Desenfunde, dispare, acierte en el centro de la diana y entre en el saloon del poblado dejando que las puertas batientes abaniquen el caluroso y espeso ambiente de un país que le dio a usted tal cantidad de confianza política que le compromete a devolvérsela con un poco más de valentía y arrojo del que habitualmente demuestra. Deje usted, señor presidente, de ser un plasma y, con perdón, un plasta. Tiene una oportunidad extraordinaria para intentar su propia refundación y por una vez, sólo por una vez, sorprendernos. Que le ocurra como a Montesquieu: “Yo me encuentro a mí mismo donde me busco. Me encuentro por sorpresa cuando menos lo espero”. Encuéntrese, señor Presidente.

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