El sirviente, crítica teatral

16 Oct 2019

Robin Maugham (1916/1981), segundo vizconde del apellido de su nombre, fue un autor británico cuya obra mas reconocida fue “El sirviente”, escrita en 1948, siendo la primera que lo fue, mientras sus posteriores no llegaron a ser tan celebres como ésta, quizás por la repercusión que tuvo la versión cinematográfica de su texto, dirigida por Harold Pinter, en 1963, protagonizada por Dirk Bogarde, en el papel de Barret (Lex en esta versión, Hugo en la película), mientras James Fox interpretaba el rol de Tony, su señor.

“Yo no pago impuestos, porque no creo en ellos …¡no me lo puedo permitir!”

Insinuación, manipulación, sumisión, inseguridades, autoconfianza, falta de confianza, presión, angustia …hasta la rendición, se entremezclan en el filme dirigido por Pinter, todo ello trufado por una cierta tensión homosexual, apuntada tibiamente, y alineada con la orientación sensual de su autor, que a base de evitar ser explícita, termina por serlo de manera clamorosa, creando un thriller afectivo y emocional del que no queda nada, o casi nada, en la versión de Álvaro del Amo, dirigida por Mireia Gabilondo con un pulso excesivamente laxo, que termina por acusar un ritmo átono y una dirección de actores excesivamente permisiva.El sirviente, crítica teatral

Poco queda de “El sirviente” sobre su versión cinematográfica, en esta producción de Seda, La Cabaña Argentina y Tanttaka Teatroa, en el Teatro Español de Madrid. El ritmo es lento, excesivamente superficial y previsible, sin margen para la sorpresa, aparentemente orientado a favorecer el desempeño de Eusebio Poncela en un personaje que, más que inquietante, parece dedicado a conseguir sonrisas benévolas del público, descabalgándose de la insinuación y manipulación descrita por Maugham para caer, primero, en el cinismo, luego en una cierta ironía y finalmente en la socarronería, como sucumbido a los aires grotescos de una obra de revista o humor, más que en el “thriller psicológico” de su original y su versión cinematográfica.

“La doncella ideal es aquella que se adelanta a los deseos de la señora”

Claro que el tono aportado por Poncela es el que se puede esperar de una “star system”, tanto por la forma en que saluda al finalizar la representación, tras hacerlo de uno en uno cada uno de quienes en ello participan, reservándose para sí mismo el lugar de la primera estrella, tras un trabajo claramente por debajo de su capacidad interpretativa y experiencia, que, a pesar de sus irregularidades, está a años luz del conseguido por el resto de elenco, con excepción de Pablo Rivero que recrea de forma correcta el personaje que se le encomienda, quizás excesivamente afectado, pero ello puede tener mas que ver con la dirección que con su responsabilidad. Lisi Linder, como Sally resulta muy poco creíble, casi insustancial y Carles Francino cae en un cierto aire funcionarial que, creemos, en otro ámbito sería capaz de superar.El sirviente, crítica teatral

Mención aparte merece Sandra Escacena, nominada al Premio Goya como mejor actriz revelación por el filme “Verónica” en 2018, que en esta obra evidencia lo mucho que le falta para ser una actriz teatral. Una cosa es naturalidad y otra salir a escena como si se paseara por la calle. Le quedan grandes los dos papeles que interpreta, sin diferencias entre ambos y sin matices, hasta resultar idénticos. Demostrando lo mucho que requiere de formación actoral. Los premios no suponen ninguna meta, sino apuntan el camino …y sus carencias son más que evidentes, aunque ello no le impedirá que, en el futuro, pueda conseguir ser la actriz que quiere ser ó, al menos, ambiciona ser.

“No deberías enamorarte de alguien tan inútil como yo”

Lo más destacado del espectáculo es la escenografía diseñada por Ikerne Giménez, también responsable del vestuario, que inicialmente recrea la mansión en la que se instala Tony, en su vuelta a Gran Bretaña tras su servicio de armas en África, cubriendo todos los paneles y mobiliario con grandes sábanas blancas, que van siendo retiradas según avanza la trama, primero desparecerán las que cubEl sirviente, crítica teatralren el suelo, luego las que cubren los muebles, a continuación las que ocultan las paredes, para finalmente, en la parte del desenlace de la trama, hacer visible la propia estructura de la casa, desnuda, ya sin nada que ocultar. La iluminación diseñada por Miguel Ángel Camacho ayuda a destacar el buen trabajo escénico, jugando con focos detrás del decorado para hacer visibles las sombras de los habitantes de la casa en estancias diferentes a donde transcurre la escena prinicipal, especialmente a través del tiro de la escalera. Si acaso, como margen de mejora, apuntaremos el hecho de que algunos elementos relativos a la cocina, como la pila, pintados en los paneles, quedan fijos en ellos aunque la escena pase a desarrollarse en el salón.

Propuesta fallida y desilusión es lo que nos queda tras presenciar esta recreación teatral del texto escrito por Robin Maugham, que aquí es privado de la tensión narrativa con la que lo presentó Harold Pinter en su adaptación cinematogrEl sirviente, crítica teatraláfica, falta ritmo e incluso altura dramática, y ello es grave porque, sobre el fácil, y recurrente, ejemplo de la película, se ha optado por evitar los momentos de mayor tensión psicológica, mientras se añadían personajes (Richard y Mabel) que nada, o poco, aportan a la historia que se quiere contar. 

“A veces las circunstancias se imponen a nuestras mejores intenciones”

Esperamos que la nueva gestión de Natalia Menéndez al frente del Teatro Español, aporte los tradicionales valores de excelencia que este templo de las artes escénicas españolas se merece, desde una programación a la altura de su historia y tradición.

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