El país de los prodigios

18 Dic 2014

Más allá del mundo de la ficción, pero sin sobrepasar el mundo de los sueños, se encuentra un pequeño país en forma de península, separado de los países vecinos por una cordillera montañosa, mientras que tres mares distintos acotan el resto de sus límites terrestres. Se trata de Barataria, gobernada por Marmoy “el paseante”, designado gobernador por deseo expreso de su protector “El inmaculado”, señor de Zánjar, convertido en ermitaño desde que abandonó la vida entre las gentes impuras.

La crisis económica de la que hablan las televisiones del mundo, también ha llegado a Barataria, pero las políticas de Marmoy se han aplicado a minimizar su efecto, ahorrando fondos a todos los baratarienses en los gastos superfluos como sanidad, educación ó pensiones, concentrando el esfuerzo en lo necesario: mantener las estructuras del Estado.

Barataria es el país de los prodigios, sus gentes se afanan en el trabajo de cada día; los jóvenes buscan su futuro más allá de él, mientras sus mayores han vuelto a descubrir el autoconsumo, a través de huertas domésticas o el cuidado de animales, donde antes había un perro, ahora hay gallinas, donde había un gato ahora hay un conejo. ¡Viva el trueque!.

Pero Barataria es la meca de las oportunidades para los que tienen el instinto preciso, ciertas actividades producen un beneficio más que adecuado, siempre para el límite de unos pocos, sin distraer la atención de la mayoría en sus quehaceres. El bien social se proclama, pero no se aplica.

Con la mano de hierro de Marmoy, solo indolente en apariencia, Barataria está sometida a una justicia poco equitativa, mientras unos pocos, en cambio, gozan de impunidad a través de un hábil sistema con herramientas tan sutiles cómo los aforamientos, las prebendas o el control de los tribunales.

A pesar del hábil sistema impuesto, el más cercano colaborador de Marmoy para el control recaudatorio de sus fondos en el extranjero, ha tenido que verse sometido a galeras, pero él, hombre de fuertes convicciones morales, ya conoce que su sufrimiento será recompensado con un premio que antes solo administraba.

En Barataria solo las buenas noticias son posibles y cuando no las hay, se hace lo posible para que los que baratarienses sigan en su “felicidad”, ¿qué necesidad hay de preocupar a la ciudadanía con casos de corrupción?, – si siempre los ha habido y siempre los habrá -, además ello pasa incluso en comunidades autónomas no gobernadas por las gentes de Marmoy.

¡Cuántos desvelos por el control de la prensa!, cuanto esfuerzo para que los jueces sigan la línea marcada para evitar escándalos a la opinión pública, pero todo merece la pena por conseguir que la realidad no condicione la felicidad del equipo de Marmoy.

En Barataria el peligro es ser honesto, con ello es imposible hacer carrera política o social, en caso de ser empresario, es necesario invocar al libremercado, pero sabiendo que sus riesgos no existen en este reino.

Los esfuerzos de Marmoy por Barataria y sus gentes son ingentes, partiendo de la conocida frase: “…no es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita”, se ha aplicado y lo está consiguiendo: menos justicia, menos sanidad, menos educación, menos pensiones, menos salarios, menos cobertura laboral, menos libertad de prensa, menos transparencia, menos equidad, menos derechos, etc… Todos los “menos” se compensan con algunos más, pero esos son para los menos.

Relato ficcionado sobre el país de Barataria, en el más allá del mundo de la ficción, pero sin sobrepasar el mundo de los sueños. Cualquier coincidencia con el mundo real es mera casualidad.

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