El jurásico Rajoy

05 May 2015

Traigo hasta mi blog el artículo escrito por José Antonio Zarzalejos, en “Caffe Reggio”, bajo el título de “El jurásico Rajoy y el efímero Monedero”, en el que describe, con acierto, la situación que se vive en el partido político que sustenta el poder en España.

Incluyo link de acceso directo: http://www.caffereggio.net/2015/05/02/el-jurasico-rajoy-y-el-efimero-monedero-de-jose-antonio-zarzalejos-en-el-confidencial/?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter

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El desayuno multitudinario del pasado lunes con Mariano Rajoy en un hotel de Madrid sólo tenía un sentido político que era el de garantizar la permanencia del presidente del Gobierno al frente de las listas del PP en las próximas elecciones generales. El caso Rato, en su versión callejera de entrada y registro en su domicilio y despacho profesional, retransmitido en directo y aderezado de imágenes que remitían a un final de época, fue tan chapucero, tan descoordinado e, incluso, tan ilegal, que Rajoy  tuvo que salir a la palestra para afirmar su cuestionado liderazgo. Cuestionado, sí, pero tan resistente que nada lo ha abatido cuando otros, supuestamente nuevos, mordaces, insólitos y temperamentales, como el de Juan Carlos Monedero, no aguantan el asalto de una corruptela o de una discrepancia.

Rato -y tantos otros como el exvicepresidente- han sido compañeros de fatigas de Rajoy y esta circunstancia le concierne de manera inequívoca al presidente del Gobierno. Cuestionar el pasado reciente del PP, es cuestionarle a él porque desde que fue designado por Aznar como su sucesor -septiembre de 2003- asumió la máxima responsabilidad del partido. Además, la sensación de que el caso Rato, en su escenificación al menos, se ha debido a fuego amigo hacía obligado que Rajoy ofreciese señales de existencia política, que siendo tenue es permanente y más longeva que la de todos sus compañeros juntos, desde Trillo a Álvarez Cascos, incluso la del propio Aznar. Todos han pasado: él ha permanecido. Una charla Rajoy-Monedero, habría servido al ex de Podemos de catequesis bautismal en la política de resistencia.

Rajoy no tiene ahora alternativa en el PP. La organización popular es estrictamente jerárquica, presidencialista y en estos últimos años no sólo no ha innovado su proceder en la elección de cargos internos -realmente, una cooptación- sino que ha intensificado sus perfiles más herméticos. La unanimidad impostada que se produce en los órganos internos del partido es inversamente proporcional a la capacidad de intriga y rumoreo que los mismos que se sientan en ellos provocan cuando salen de Génova e, incluso, de Moncloa. Rajoy conlleva resignada y astutamente la situación. Mientras, las intrigas internas en Podemos -la gran novedad del “regeneracionismo”- no han soportado un bamboleo entre moderados y radicales. Los “viejos” aguantan más en su política que Podemos en la “nueva”.

El Partido Popular no está preparado ni siquiera para hacer una renovación necesaria en su organigrama como vino a reconocer el presidente del Gobierno que detuvo cualquier rumor sobre posibles remociones o cambios de ubicación. En todo caso, él, sean cuales fueren los resultados de las elecciones autonómicas y municipales del 24 de mayo, y por muy malos que sean, permanecerá como líder del PP. Sólo si los comicios generales constituyen una debacle -y siempre y cuando no pueda gobernar en coalición o con pactos la próxima legislatura- Rajoy sería relevado en el congreso ordinario a celebrar en 2016. Una hipótesis ahora lejana a la vista del derrumbe de los Monederos y de Podemos, del lento suicidio de UPyD, de las angustias de la otrora victoriosa Susana Díaz que ha dejado el patio encharcado y sanguinolento tras la decapitación de Chaves y Griñán, una ejecución propiciatoria que no ha gustado a Felipe González y ha regocijado a Pedro Sánchez. Ciudadanos se salva de la quema (por el momento).

Rajoy sucede a Rajoy porque no hay mecanismos, resortes, recursos (ni mucho menos, cultura política) para responder a unos malos resultados con una remoción interna desde el vértice de la organización a la base. Es posible que algunos cargos públicos -apeados o no por las urnas- planteen problemas a Rajoy el 25 de mayo, pero serán operaciones de diversión, menudencias, salvo que se produzca un cataclismo que no sería otro que una mayoría de votos del PSOE sobre el PP, hipótesis ahora muy poco verosímil. Si dentro las resistencias a Rajoy son salvables, las externas -visto lo que estamos viendo- mucho más.

El PP, como estructura partidaria, cuestionada por los jueces en sus finanzas (algo más que los 400.000 euros de Monedero) y, por ello mismo, demandante de una revisión a fondo, padece de arteriosclerosis avanzada y no tiene movilidad ni energía endógena para licenciar a un presidente que estatutariamente está investido de un cupo de funciones que agota el elenco de las que son posibles acumular en una organización. Rajoy, en ese sentido, sería como un castigo para el Partido Popular pero también como un hallazgo museístico por su carácter pedernal.

La seguridad que mostró el presidente del Gobierno en su continuidad -¡qué sarcástico eso de “fíense de mí; les irá bien”!- no parte de su propia convicción sino del profundo conocimiento de los usos y abusos de la organización que preside desde hace casi doce años (casi tantos como José María Aznar) y de las debilidades de sus adversarios, de tal manera que la retranca con la que se condujo en el desayuno de marras era la de un político baqueteado en el funcionariado del partido y la de un viejo conocedor de sus compañeros, capaces de largar donde no deben lo que callan en los foros en los que debían manifestarse.

Quizás Rajoy haga en junio algunos movimientos en el Gobierno que es de donde surgen los peores problemas. Aprovechando que De Guindos puede ser el presidente de la Eurozona -no es pensable que lo sea a tiempo parcial-, quizás el presidente se decida a no seguir incomodado con una estructura orgánica gubernamental macrocéfala que entrega demasiados poderes a una vicepresidenta concitadora de grandes aversiones -y menos eficaz de lo que parece- y que ha propiciado un ambiente gubernamental en el que son bien visibles las banderías. Además, se trata de un Gabinete exhausto y quemado que si llega al final de la legislatura presentará rigor mortis.

Está en la tradición española -recuérdese el Cid- campear después de muerto. Pues bien: eso es exactamente lo que anunció el lunes Rajoy, que seguirá hasta la putrefacción final, cabalgando difunto sujeto con un arnés al corcel del poder. Algo que sus muchos compañeros de partido y adversarios políticos no han conseguido. Monedero es una anécdota categórica que explica mejor que a nadie –mejor incluso que a él mismo- a Mariano Rajoy y su naturaleza jurásica.

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