El ‘chota’ del PP y “el mal aliento” panameño

05 Abr 2016

Traigo a mi blog el artículo de José Antonio Zarzalejos (@jazarzalejos), “El ‘chota’ del PP y el malaliento panameño” en el que insistiendo en los reiterados casos de corrupcion que han asolado, y asolan, al PP, dónde no han reconocido su tibieza en la respuesta, y la connivencia que, cómo mínimo, han mostrado en los mas variados ámbitos y niveles. Utilizando para ilustralo una acertada metáfora del actual “papa”, en la cual dice Francisco: “…el corrupto a menudo no se da cuenta de su estado, precisamente como el que tiene mal aliento y no se da cuenta”, como le ocurre a Mariano Rajoy.

Incluyo link de acceso directo: http://blogs.elconfidencial.com/espana/notebook/2016-04-05/el-chota-del-pp-y-el-mal-aliento-panameno_1178746/

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La casualidad ha hecho que este pasado fin de semana terminase, justo cuando El Confidencial difundía la primera entrega de ‘Los papeles de Panamá‘, la lectura de un par de libros interesantes, aunque lo sean por muy distintos conceptos. La entrevista de ‘Salvados’ a Mariano Rajoy, el domingo por la noche, cerró el círculo de mi inmersión meditativa en los asuntos de la corrupción, con la preocupación añadida de observar cómo el presidente del Gobierno en funciones negaba el carácter sistémico de las tramas corrompidas en su partido, y algunos de los concernidos por las averiguaciones del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación echaban balones fuera amparándose en la inocuidad de sus conductas o en la prescripción de sus fechorías con sus sociedades en paraísos fiscales.

No soy nadie para hacerlo, pero recomendaría a Mariano Rajoy la lectura de ‘Uno de los suyos. Confesiones del delator del caso Gürtel’ (Editorial Península. Marzo de 2016), escrito -es un decir- por José Luis Peñas, concejal popular del Ayuntamiento de Majadahonda que grabó durante casi dos años abundantes conversaciones a Francisco Correa y a sus cómplices (de finales de 2005 a principios de 2007), denunciándolos después. El librito es difícil de digerir por lo que cuenta y por cómo lo cuenta. Para mucha gente del PP, según confesión del propio Peñas, él no es otra cosa que un “chota”, es decir, un chivato. Sin embargo, el denunciante se considera un “delator”, no solo perseguido por una banda de malhechores sino que, además, “todas las instancias del PP me hacen la vida imposible cada vez que pueden”.

José Luis Peñas -contra el que Rajoy y otros muchos miembros de su partido no se han querellado- escribe que es “un delator… y he sacado a la luz la peor red de corrupción que se recuerda en este país, tanto por cantidad de dinero y de golfos como por la calidad de los mismos”. En la obrita -de mal escritas 294 páginas- no se descubre prácticamente nada nuevo. Pero se describe un ambiente mafioso -el de la trama Gürtel– que resulta sórdido, plagado de personajes soeces y desaprensivos, chantajistas e indeseables que brujuleaban en torno a detentadores de poder en el Partido Popular. El relato remite a un espacio temporal largo de descarada impunidad, durante el que quien pudo y debía no evitó una auténtica rebatiña corrupta y corruptora. Escuchando a Mariano Rajoy con Jordi Évole, se entiende que el presidente en funciones afirmase que él no se “enfrenta” a determinadas personas sino que procura “ir en paralelo” porque “así se es más feliz”.Rajoy en funciones.1

El presidente del PP sostuvo el domingo -poco después de que se conociesen ‘Los papeles de Panamá’- que en España la corrupción no es sistémica. No se alcanza a saber cómo supone tal cosa cuando él no parece haberse enfrentado nunca -siempre en paralelo- con los personajes, algunos tan próximos a él, como los que describe José Luis Peñas en ‘Uno de los suyos’. La corrupción sí es sistémica en España, incluso en otros países. Ocurre -y voy al segundo libro que terminé de leer el domingo pasado- que “la corrupción no es un acto sino una condición, un estado personal y social en el que uno se acostumbra a vivir”. Esto lo dice el papa Francisco en la página 93 y siguientes de ‘El nombre de Dios es Misericordia’ (Planeta Testimonio, 2016), una conversación del Pontífice con Andrea Tornielli, un renombrado vaticanista. Dice Francisco que “el corrupto a menudo no se da cuenta de su estado, precisamente como el que tiene mal aliento y no se da cuenta”.

El obispo de Roma dice en este libro tan recomendable que “el corrupto es el que se indigna porque le roban la cartera y se lamenta por la poca seguridad en las calles, pero después engaña al Estado eludiendo impuestos y quizá despide a sus empleados cada tres meses para evitar hacerles un contrato indefinido o bien se aprovecha del trabajo en negro. Y después presume, incluso, con los amigos de las astucias suyas. Es el que quizá va a misa cada domingo, pero no tiene ningún problema en aprovecharse de su posición de poder reclamando el pago de sobornos”.

Si estas palabras son del Papa, de este Papa precisamente, nada hay que añadir. Solo asentir: son muchos a los que les huele el aliento. Estén en ‘Los papeles de Panamá’ o aparezcan en el abrupto relato del ‘chota’ José Luis Peñas. Claro que si uno no se enfrenta a ellos y circula en paralelo, no hay forma de enterarse. Como le ocurre a Mariano Rajoy.

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