Déjà vu electoral

12 Dic 2015

Traigo a mi blog el artículo de Juanma Vidal (@VidalJuanma), titulado “Déjà vu electoral” en el que nos hacer recordar las sensaciones de anteriores campañas electorales, que seguro se repitirán en los próximos días, a pesar de las novedades en forma que se perciben en esta ocasión, sugiriendo que tampoco se olviden las cosas que han ocurrido, quizás como incumplimientos de promesas anteriores.

La suerte está echada y la decisión en los electores españoles, en todos y cada uno de ellos.

Incluyo link de acceso de directo: http://www.publicoscopia.com/opinion-politica/item/5235-deja-vu-electoral.html

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¿De verdad alguno de ustedes tiene fundadas esperanzas de que esta legislatura acabe con sorpresa y haya un cambio en el próximo ejecutivo? ¡Díganme que sí! Soy un romántico, nada bohemio, pero me gustan los finales felices, si bien no albergo ninguna fe en un giro radical.

Somos un país de costumbres, de tendencia continuista y de ciudadanía acomodada, ¡ojo, he dicho acomodada, no acobardada!, pese a que la crisis haya hecho estragos en muchos estratos de la sociedad y se haya cebado con las clases más humildes como para que algunos de los antes burgueses, hoy sobrevivan como puedan.

debate a 4.3Todo parece nuevo. Hay nuevos partidos, nuevos candidatos, por tanto nuevas formas de enfocar la realidad, de abordar sus planteamientos…Y sin embargo uno cree estar ante idéntico panorama. Perdónenme el símil, pero me recuerda a ese refrán tan castizo de “mismos perros, pero con distinto collar”.

Es cierto que deberíamos escuchar nuevas propuestas frente a los nuevos retos que nos ha dejado la grave situación en vías de solución, ojo, he dicho en vías, no resuelta por completo. Pero lo único que varía es la melodía, porque las letras de estas canciones ya la hemos oído antes y no hacen sino buscar confundirnos con manos de maquillaje, pero nada nuevo bajo el sol. A lo que añadir una crisis de credibilidad, tal vez una crisis moral y un desencanto en forma de honda desafección.

Más que de programas electorales parece que hablásemos de ocurrencias electorales, a cuál más disparatada, sobre todo conforme se acerca la fecha clave, y que a buen seguro solo serán cebos y por tanto promesas incumplibles… ¡Total, nadie se lee los programas, salvo unos pocos periodistas y un par de politólogos con ganas de discutir!

La campaña de la Generales de 2015 está ofreciendo nuevos formatos televisivos, donde políticos en liza se humillan por un puñado de votos, cantan, bailan, hacen que cocinan, juegan al futbolín o al pingpong, se suben a globos aerostáticos, se van de bares…parece que todo valiese con tal de captar el voto del anestesiado ciudadano, adormecido, derrotado.

Pero ¿quién no recuerda nefandos ejemplos precedentes de populismo jugando al dominó o a las cartas con los vecinos de un pueblo, estrechando manos, besando niños y ancianas, bebiendo de porrones en los barrios urbanos…?

Hasta los debates mediáticos parecen nuevos, mostrando el progreso digital de unos o las tragaderas de otros por aceptar suplentes, pero conservan el rancio sabor de los vetustos modelos que guardan polvo en las videotecas y que poco o nada aportan a los indecisos sino sembrarles más dudas sobre todos…

Por cierto, indecisos los ha habido toda la vida y los habrá, que ahora alguno se rasga las vestiduras citando un inconcreto 40%, ¿40% sobre qué? Pues se siguen aislando los datos demoscópicos como los guisantes en la paella, sin referirlos al objeto con que se comparan. Sobre los indeterminados lo único que fluctúa es su volumen, amén de que muchos un dudan, sino que eluden pronunciarse ante encuestadores extraños.

Podríamos creer que son nuevas las riñas y las puñaladas traperas entre los candidatos, sino fuera porque la hemeroteca nos recuerda las alusiones a cierto “tahúr del Mississippi”, a un “doberman” popular, a la “calaña que nos gobierna” o a un cervatillo inocente bautizado como “bambi” con toda maldad. De ahí que el “fuego cruzado” de declaraciones o los “entierros prematuros” de candidatos rivales, a los que dan por muertos, solo responda a las clásicas “variaciones sobre un mismo tema”.

Permítanme que sea magnánimo, “noblesse oblige”, con mis colegas sociólogos y politólogos, que se devanan los sesos tratando de crear herramientas o de perfeccionar las existentes para augurar o anticipar escenarios futuros. Si el destino hubiera querido que fuéramos adivinos, nos hubiera dotado de una bola de cristal para desentrañar semejante misterio.

Las encuestas contienen variables en principio determinantes para crear una estadística certera, aceptándose errores muestrales de entre 1 y 5%, cuando al final se evidencian que más bien resultaron garrafales pues hay imponderables que jamás se podrán medir ni advertir, pues las condiciones normales para que se cumplan sus resultados requerirían de un control casi absoluto de la situación, pero el destino a veces es caprichoso.

Rajoy en un bancoHemos sufrido, hemos padecido penurias, calamidades, miserias, ajustes, recortes, hemos asistido impertérritos a episodios no, sino a series de corrupción y nada ha sucedido ni sucederá salvo que tres pintamonas se coman todo el marrón, pues las amnistías y los togados y fiscales generosos exonerarán de toda culpa a quienes robaron a los pobres para dárselo a los ricos, como en una epidemia o peor, un síndrome tóxico que pudre a todo un partido.

Todo parece nuevo, salvo las víctimas de este drama, que ya han visto la obra muchas veces pese a haberle cambiado el título, el decorado, los protagonistas y hasta los diálogos, pero la trama es la misma y el clímax puede que esté desactivado, pues no hay ninguna señal que marque luz al final del túnel, si acaso se perciben sol y sombras para la próxima legislatura fruto de algún pacto que evite rodillos.

La política es el arte de la confusión, del engaño en pos de un respaldo. Votar a un partido no es darle un cheque en blanco para hipotecar a un país, sino un mandato para regir los destinos sin abusar de la confianza. Mentir en un programa aún a sabiendas de hacerlo, enviar mensajes de apoyo a un delincuente, eludir dar explicaciones ante la prensa, ignorar las consistentes amenazas soberanistas de un territorio y no comparecer en dos debates decisivos solo muestra la cobardía de un candidato acostumbrado al camuflaje del avestruz…

En fin, que asistimos a la ceremonia de lo superficial y banal, cuando a la vuelta de los comicios esperan temas como el modo de participar junto a los socios y aliados europeos en los conflictos armados y la amenaza terrorista; pendiente el tema del independentismo catalán en una comunidad cada vez más pobre; pendiente la apuesta por las energías renovables pero no subvencionando a especuladores; etc. Hay pues consideraciones oscurecidas en el halo y la bruma televisiva. Entre la esperanza razonable y las ofertas fantásticas, y entre la abulia y el hastío, tendremos que construir sendas de participación que nos movilicen y alejen del desencanto.

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