Chistes

20 Jun 2015

Traigo a mi blog el artículo de Enric González en “El Mundo”, ‘Chistes’ al hilo de los cambios anunciados por Rajoy para “ganar” en “comunicación” y “cercanía” …todo un chiste en si mismos, en el fondo y en las formas “via plasma”.

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Casi cualquier cosa puede convertirse en un buen chiste. En gran medida depende del contexto, es decir, de lo que saben tanto el receptor como el emisor. Un tipo que aparece en una pantalla, por ejemplo, no es necesariamente gracioso. Pero cuando Mariano Rajoy decide prometer mejor comunicación, más contacto con la gente, más piel y más cercanía, y lo hace compareciendo ante la prensa desde una pantalla de plasma, está haciendo un gran chiste. Puro humor paradójico. La paradoja cínica constituye también una de las habilidades humorísticas de Pablo Iglesias. Un ejemplo: “Soy socialdemócrata, como Lenin“.Los cambios de Rajoy

La identidad y posición del emisor constituyen otras dos claves esenciales para discernir si una determinada frase es chiste o grosería. Cuando a un personaje de Woody Allen se le interpela acerca del Holocausto y se le pregunta si cree que los nazis asesinaron a seis millones de judíos, responde: “Sí, y las marcas están para batirlas”. Resulta gracioso, porque Allen es judío. Igual que cuando dice que no puede escuchar a Wagner porque le entran ganas de invadir Polonia. Pongan esas mismas frases en boca de un nazi y el humor se convierte en obscenidad. La víctima y el verdugo no cuentan el mismo chiste. Jonathan Swift puede permitirse su modesta proposición sobre la solución a la hambruna irlandesa (que se coman a los niños) porque es irlandés y su intención es denunciar la hambruna. Escrito por un inglés, el libro habría resultado difícilmente aceptable. Tratándose de reír para no llorar, casi todo vale. Cuando el asunto consiste en reír para amenazar estamos ante el chiste del verdugo, raras veces gracioso.

Siempre son eficaces los chistes en que cualquier posición, tanto la del emisor como la del receptor, queda en precario. Como el de los dos judíos que pasan ante una iglesia católica en la que se ofrecen 100.000 euros a quien se bautice y convierta. Dudan y pasan de largo. Una semana después, vuelven a pasar ante la iglesia. “¿Crees que realmente pagan 100.000 euros?”, pregunta uno. El otro responde: “Vosotros los judíos, siempre pensando en el dinero”.

Lo mejor, en cualquier caso, es la autoflagelación, la ‘self deprecation’ inglesa. Si además va acompañada de un toque absurdo, roza la perfección. Rajoy estuvo bien con lo de la comunicación y el plasma, pero hay que reconocer que Pablo Casado, nuevo vicesecretario de Comunicación del PP, fue brillante en su estreno. Volvemos a lo del emisor y el contexto: “Maíllo no está imputado, sino citado en calidad de imputado”. Mejoren eso.

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