Canícula

13 Sep 2015

Irrealidad, teatro del absurdo como calidoscopio de la estupidez humana con aires íberos. Jugos surrealistas mezclados bajo túrmix, desde el aroma de los personajes berlanguianos de ¡Bienvenido, Míster Marshall!, a la versión hispánica de las gemelas de “El Resplandor”, que se hacen presentes guardando la puerta de una habitación anónima de uno de nuestros hospitales públicos, jibarizados con la coartada de la crisis; dentro de ella el hermano de una convencional familia española sufre una transformación que solo sorprende a sus hermanos…él siempre fue el raro, con esa coleta, con esa forma de vestir, con esas cosas que dice.

CanículaLas relaciones de una familia española, poco usual, o quizás no tanto, quedan expuestas. “Hace un sol de justicia”, dice el hermano mayor; “De justicia, sí” corrobora el de en medio; “Sí, de justicia”, repite el menor. Falta conversación y, por ello, el hermano mayor da una solución: “En nuestra familia no se habla, se pone la tele mientras se come para no tener que hablar”…dicho y hecho.

Vicente Colomar realiza una dirección adecuada del espectáculo, presentando una puesta de escena que optimiza el texto original de Lola Blasco, especialmente conseguido en las réplicas y contrarréplicas de los hermanos, combinando perfectamente estupidez y ternura. A destacar el cambio de orientación de los elementos que componen el decorado, permitiendo al espectador que asista a la trama desde posiciones contrarias 180º la una de la otra.

Los actores se dejan la piel en esta obra, desde Juan Antonio Lumbreras, muy divertido, como el hermano pequeño, a Joshean Mauleón en el “transformado” tercer hermano, Eva Trancón provoca los momentos de mayor ternura, con una adecuada réplica de Nerea Moreno, y Rulo Moreno genera más de una carcajada en su “facha” hermano mayor, con el contrapunto de Antonio Gómez como “el hermano de en medio”.

Nada más eficaz que la ironía, con gotas de cinismo, para provocar la sonrisa, cosa que este espectáculo consigue, de lo cual fui testigo, pero el envoltorio de comedia presenta una tragedia en toda regla, generando una mueca, con una hipérbole del absurdo, sobre nuestro momento actual y las relaciones sociales, familiares y con el poder, que se dan en él.

Merece la pena atreverse.

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