Ante el caos, se abre una oportunidad

17 Abr 2016

Traigo a mi blog el artículo de Juan Laborda (@JuanLabordah), titulado “Ante el caos, se abre una oportunidad” en el que editorializa sobre el fin del ciclo económico que esta crisis supone, utilizando, para ilustrarlo, el título del último informe del FMI sobre la situación: “Too slow, too long” (demasiado lento, demasiado largo).

Incluyo link de acceso directo: http://vozpopuli.com/blogs/7169-juan-laborda-ante-el-caos-se-abre-una-oportunidad

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Dejemos las cosas claras. Estamos al borde de un nuevo colapso económico global cuyo epicentro se localiza en un sistema financiero quebrado, a punto de colapsar. Las élites lo saben. No solo son los informes de distintos organismos multilaterales que nos avisan sutilmente de la que se nos puede caer encima. El último, el del Fondo Monetario Internacional (FMI), acaba de recortar por enésima vez sus proyecciones de crecimiento económico. El título del informe sobre las perspectivas de la economía mundial, publicado antes de las reuniones de primavera del Banco Mundial y del FMI, es tremendamente sintomático: Too slow, too long, algo así como “demasiado lento, demasiado largo”. Y más específicamente demanda “una respuesta política de base amplia para aumentar el crecimiento y gestionar las vulnerabilidades.”

Sin embargo existen otros síntomas característicos de final de ciclo. Estos días estamos asistiendo atónitos a los codazos entre las distintas élites globales de cara a su posicionamiento para la toma y control del poder en una situación post-crisis. ¿O acaso se piensan ustedes que toda la información que ha salido a la luz en los papeles de Panamá es el resultado de un proceso de investigación altruista? No, es la puesta en escena de la lucha soterrada en las alturas por el control del poder tras el tsunami que se avecina.

PAR331- PARÍS (FRANCIA), 4/04/2016.- Un hombre sostiene un cartel en el que se lee "#Papeles de Panamá, gente, crimen organizado, es suficiente", en un plantón del movimiento "La Nuit Debout" (La Noche Arriba), en su cuarta noche consecutiva en París, Francia, hoy lunes 4 de abril de 2016. Estudiantes franceses y sindicatos se toman las calles durante este mes para protestar contra la propuesta de reforma laboral, dirigida por la ministro francés del Trabajo, Myriam El Khomri. EFE/IAN LANGSDONLos ciudadanos, por lo tanto, deberemos estar ojo avizor, empezar a movilizarnos, posicionarnos. No debemos permitir bajo ningún concepto que los grupos de presión ganadores quieran continuar con la depravación y distopía de los últimos años. Las actuales élites económicas y financieras han fracasado, al legitimar decisiones económicas y políticas que acabaron generando deuda, desempleo, pobreza, desigualdad y stress medioambiental. Y estas élites y sus referencias morales y académicas deberán quedar al margen del mundo post-crisis. La deflación salarial, la inflación de activos, el endeudamiento global, las desigualdades, la delicada situación del sistema bancario, el apalancamiento masivo de los bancos sistémicos, la fragilidad financiera, la caída de la productividad, son las con secuencias de la puesta en práctica del pensamiento económico dominante. Y ahora, la Segunda Fase de la Gran Recesión. ¡Basta ya!

Nueva ventana de oportunidad

Se nos abre a la ciudadanía, por lo tanto, una nueva ventana de oportunidad. El objetivo debe de ser claro y contundente, barrer el capitalismo neoconservador dominante, en fase agónica, profundamente depredador, tanto en términos sociales como económicos y medioambientales. Debemos aprovechar la crisis que se avecina para aplicar todo un conjunto de medidas que además de no dejar a nadie en la cuneta, sea compatible con el respeto al medio ambiente. El lema debería ser “creciendo juntos”.

Obviamente ello requiere acabar con el Totalitarismo Invertido en el que estamos inmersos. Hoy más que nunca es necesaria la “movilización cívica” que acabe con los fuegos de artificio y la profunda apatía actual. Hemos de echar a la calle democráticamente a todos aquellos que se empeñan en reconstituir el sistema existente con el objetivo de favorecer de manera permanente a la clase dominante, los más ricos, los intereses corporativos. Es vital, en este sentido, poner fin al ritmo intenso ritmo de trabajo y horarios prolongados, que combinados con la inseguridad laboral son la fórmula para la desmovilización política, para privatizar la ciudadanía.

Pero en primer lugar empecemos por corregir los desmanes del sector que nos ha llevado hasta aquí, el sistema financiero; y acabemos de una vez por todas con el oscurantismo que mueve a los distintos lobbies a fijar con los políticos de turno, al margen de la ciudadanía, tratados de libre comercio distópicos. Hay que poner fin a los procesos de financiarización, privatización de servicios públicos, y abaratamiento masivo del factor trabajo.

La nueva arquitectura financiera debe pasar ineludiblemente por reducir el tamaño de los bancos y restaurar la ley Glass-Steagall, que separa la banca comercial y la de inversión, añadiendo a ello una más efectiva supervisión de las instituciones financieras bajo la tutela pública. Es necesario, además, una reestructuración del sistema financiero occidental insolvente a costa de gerencia, accionistas y acreedores, que además conlleve una reestructuración de la deuda familias y empresas. Se debe prohibir a las instituciones financieras especular en derivados de ciertas materias primas, energía y productos básicos agrícolas. Finalmente es necesaria la creación de un nuevo sistema monetario internacional basado en una cesta de monedas de las principales economías del mundo.

Nuevos principios para el comercio.

La expansión monetaria, la devaluación interna, y el crecimiento de la deuda soberana ilegítima permitieron a las élites recuperar la caída de la tasa de ganancia del capital y, sobre todo, seguir financiación un gigantesco proceso de acumulación y adquisición de riquezas por todo el globo, en favor de las grandes multinacionales y de la “superclase”. Hasta ahora. La desigual distribución de la renta, la sobrevaloración de los distintos activos financieros e inmobiliarios, junto a los límites físicos y energéticos del planeta, han abortado el nuevo intento de fuga hacia delante. Por eso ya tienen preparado nuevas formas de mantener las tasas de ganancias. Y es aquí donde entra en juego el Tratado de Comercio Transatlántico. Entre otras cosas presupone, a través de la información aportada en documentos secretos que han salido a la luz, y que hemos ido conociendo los últimos meses, nuevas privatizaciones y liberalizaciones de servicios públicos -educación, sanidad, agua, energía, transporte…- para que los mismos que nos han arruinado continúen a lo suyo. Por eso debemos decir no. Para hacer frente a la creciente desconfianza de los ciudadanos en relación con los acuerdos comerciales, hay que garantizar la transparencia de negociaciones y la participación de las sociedades civiles interesadas en este campo.

A la vista de los acontecimientos que están por venir, parte de las élites y del capital piensan que aún pueden darle una vuelta de tuerca al mercado global liberalizado, posicionándose otra vez para seguir dominando la extracción de rentas especulativas, aprovechando los escenarios de geoescasez energética y alimentaría, y diseñando, a espaldas del poder democrático, las nuevas arquitecturas financieras globales. Y ante eso debemos decir ¡no!, y actuar en consecuencia.

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