A Margarita, crítica teatral

30 Sep 2019

A Margarita, crítica teatralEs el día de cumpleaños para Margarita, pero el único ‘regalo’ que recibe es la noticia de su médico, tras felicitarla por su onomástica, le dice que tiene un cáncer de vesícula biliar y le quedan por delante ciento ochenta días de vida. Con ese “shock” comienza el monólogo que interpreta Sara Moros, hasta convencernos de que lo que dice y afirma, lo ha vivido, y que no es una actriz en tal rol, sino la protagonista de lo que se nos comparte, tanto en los momentos en los que más empatizamos con ella, como en los que menos.

La muerte sigue siendo un tema sino tabú, si que genera una cierta incomodidad, sin embargo el autor de éste monologo, Carlos Be, se aproxima a la certeza de su protagonista sobre su propio desenlace más próximo de lo que nunca hubiera podido pensar, con un sentido del humor que maximiza todo lo bueno que su vida ha tenido, situándolo, con perspectiva, por encima de las miserias que a toda vida acompañan.

“Mi regalo de cumpleaños es un cáncer de vesícula biliar”

¿Qué haríamos cada uno de nosotros si tuviésemos la certeza de que nuestros próximos ciento ochenta serían los últimos?, sin duda la elección de lo que hacer en ellos, más aún lo que no hacer, seria un verdadero editorial sobre la esencia de cada uno, como persona, y sus prioridades. Pero aquí, Margarita, personaje protagonista de este texto, a través de la pluma de Be, opta, inicialmente, por consumir los primeros días del último medio año de su vida en una especie de ajuste de cuentas en el que son los otros los responsables de lo malo que sucedió en su propia existencia. Empezando por su marido (machista y egoísta, cuando menos, y un cabrón en sus peores días, en opinión de su mujer) y continuando por sus hijos, el mayor de los cuales solo piensa en la herencia del piso que su madre habita (según ésta), mientras la mediana solo tiene un calificativo para su madre: aburrida; si bien el pequeño sí le brinda la posibilidad de conversaciones cercanas, aunque sea hablando de las medidas de los penes de sus amantes (de los de él).A Margarita, crítica teatral

La crítica (sobre los demás) y la ironía van construyendo este monólogo, que, en todo caso, evoluciona hasta que la propia Margarita se acepta a sí misma. Se trata de su vida, más allá de su marido y sus hijos, y no de lo que éstos hagan o no. ¿Qué necesita?, ¿de que carece?, ¿que le falta?.

“¿A qué estamos dispuestos por vivir?”

En la segunda parte del texto la protagonista va encontrando sus propias respuestas. Le quedan semanas, días de vida… el pasado es pasado y sobre él solo queda la aceptación. A partir de ahí se dará la oportunidad para encontrar nuevas ilusiones, para dejarse llevar, para dejarse amar… aunque sea por un desconocido descubierto en la barra de un bar, tan solo unas pocas horas antes de compartir la cama del piso que su hijo mayor anhela heredar.A Margarita, crítica teatral

Carlos Be consigue cerrar con éxito la historia de Margarita, integrando de forma acertada las pequeñas miserias de los personajes que la rodean, incluso de ella misma, en un final que reconcilia, a ellos, y a nosotros, haciendo que esta historia trufada por la palabra cáncer, tan difícil de conjugar, encuentre la cuadratura de su círculo, aún tiñendo los momentos de mayor desafección entre los personajes de los tonos de un relato dominado por pequeños toques de cinismo e ironía. La vida misma.

“La vida tiene un secreto: vivirla”

A Margarita, crítica teatralLa dirección de Sandra Dominique es eficaz, acompañando desde los elementos de pequeño atrezzo todo aquello que el personaje protagonista requiere, a través de una escenografía alrededor de un elemento que contiene dentro de sí, como un pequeño arcón, todo lo necesario: cojines, una sábana, etc…

Pero, sin duda, lo más destacado de este espectáculo es la interpretación de Sara Moros, totalmente creíble en el personaje de Margarita, tanto en el inicial rencor que muestra, como en el amor matriarcal en el que termina por encajar sus emociones, aceptando su propia vida.

“Tal como suponía no he tenido tiempo de salvar al mundo”

Lo mejor es que, después de noventa minutos de monologo alrededor de la muerte, salimos del espectáculo con una sonrisa en los labios y esto es un gran éxito que comienza en Carlos Be y finaliza en Sara Moros, al tiempo que nos vamos preguntando …¿lo que estoy haciendo en mi vida es lo que realmente quiero hacer?. Las respuestas ya quedan para cada uno de ustedes …para cada uno de nosotros.

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